Máximo Riesgo ataca de nuevo

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Hay épocas en que Máximo Riesgo, nuestro predictor económico profesional, trata de pasar desapercibido y utiliza un lenguaje críptico en sus manifestaciones que permite interpretaciones diversas y rectificaciones sin caer en el ridículo.
La última perla que le he oído se refería a la posible evolución de la economía norteamericana: EEUU ha tenido una fuerte desaceleración, por encima de lo previsto, pero la rapidez con que se han tomado las medidas de ajuste avisa de un período corto de caída en los ritmos de crecimiento. La clave está en no comprometerse en hasta dónde llegará la desaceleración y cuántos trimestres se entiende por un corto período. Ya lo dice uno de los mandamientos del predictor: señala lo que puede ocurrir, sin indicar cuándo, o el momento en que va a suceder, sin indicar la cuantía.
Hay que decir en defensa de Máximo que el momento se presta a evoluciones dispares de futuro, ya que hay fuerzas en juego que apuntan en direcciones diferentes. Cientos de miles de despidos en grandes multinacionales pueden interpretarse como ajuste rápido a la desaceleración y, por tanto, una plataforma dispuesta para un nuevo período de rápido crecimiento; o como un síntoma de las expectativas bajistas de futuro de las empresas. La sucesiva reducción de los tipos de interés en EEUU es posible interpretarla como evidencia de la confianza del gobierno en una inflación controlada y su decisión de pasar rápidamente a un mayor crecimiento; o como una muestra de la extraordinaria preocupación de la Reserva Federal por la profundidad de una crisis que podría tender a agravarse.
Respecto a Europa, los más optimistas apuntan su capacidad para tener un crecimiento autónomo aún a alto ritmo a pesar de los problemas en EEUU o Japón. La no reducción de tipos por parte del BCE sería una confirmación de la escasa preocupación de futuro.
Para los más pesimistas, por el contrario, el contagio europeo de la desaceleración norteamericana llegará progresivamente a Europa durante los próximos trimestres, extendiendo y realimentando una crisis a escala mundial. Una inflación no controlada hace además que la autoridad monetaria no pueda aplicar políticas expansivas.
A todo esto, las bolsas suben y bajan. Los políticos de uno y otro lado del Atlántico dan una de cal y otra de arena. Las empresas presentan resultados dispares.
Que hay una disminución del ritmo de crecimiento de Econolandia en su conjunto es indiscutible. Que había ya sido previsto con anterioridad por instituciones internacionales y diversos centros públicos y privados es tan cierto como que ha sorprendido la dureza de esta desaceleración, obligando a los predictores a revisar repetidamente a la baja sus expectativas desde hace tres o cuatro meses.
En los adelantos del tiempo atmosférico se ven en los mapas acercarse los frentes fríos, las borrascas o los anticiclones. En los pronósticos de Econolandia, todos nosotros formamos parte del mapa de acontecimientos con nuestras acciones y expectativas. Por eso es tan difícil acertar.