El sistema financiero español ha sido testigo de un cambio de tendencia en la demanda de crédito por parte del tejido empresarial menor. Según los datos del XV Informe “La financiación de la pyme en España” elaborado por SGR-Cesgar, tras una senda descendente iniciada en 2021, el año 2025 ha marcado un repunte significativo en las necesidades de recursos ajenos. En concreto, el 51,2% de las pequeñas y medianas empresas –lo que equivale a más de 1,8 millones de negocios– ha requerido algún tipo de financiación durante el pasado ejercicio.
Este incremento del 47,7% registrado en 2024 al actual 51,2% rompe con la normalización post-pandemia. Maribel Martínez, directora de Abay Analistas, destacó que tras años de tendencia decreciente, “este año observamos un repunte que es bastante importante para darse en un solo año”. Según el informe, este fenómeno no responde a una expansión agresiva, sino a la gestión del flujo de caja diario de las empresas.
El análisis revela que el destino de estos fondos se ha desplazado hacia la supervivencia inmediata. “El circulante ha ganado muchísimo protagonismo. De hecho, prácticamente tres de cada cuatro pymes buscan la financiación para el circulante, es decir, para financiar los costes operativos”, explicó Martínez.
El documento detalla que este factor es el que mejor explica el cambio de comportamiento en el mercado del crédito, ya que el circulante ha pasado a ser la prioridad absoluta para el 73,8% de las entidades demandantes.
La coyuntura de precios ha sido el factor determinante, especialmente para los negocios con estructuras más débiles. Martínez subrayó que este incremento de la demanda “está muy concentrado en microempresas, en empresas de menos de 10 empleados”. Según el estudio, estas unidades productivas han tenido que recurrir al mercado para cubrir unos insumos que se han encarecido de forma notable, destacando especialmente el impacto del alza de los costes laborales.
A pesar de este mayor requerimiento de fondos, el escenario de acceso al crédito ha mostrado síntomas de una notable mejora estructural. El informe destaca que el 2025 ha sido un año de especial facilidad para la obtención de recursos.
“Prácticamente la mitad de las pymes dicen que no ha tenido ningún obstáculo a la hora de encontrar financiación y este es un porcentaje que ha crecido mucho”, señaló la directora de Abay Analistas, en referencia a un indicador que ha mejorado 23 puntos en solo dos años.
Un alto grado de bancarización
En este contexto de mayor fluidez, la banca comercial sigue siendo el pilar maestro de la financiación. El grado de bancarización se mantiene alto, con un 70,9% de las pymes con necesidades recurriendo a sus entidades de confianza. De acuerdo con el informe de Cesgar, la respuesta de las instituciones ha sido la más favorable de la serie histórica: el 92,8% de las solicitudes fueron concedidas, consolidando, escenario “bastante positivo en el acceso”.
También ha habido una mejora en la calidad de las operaciones bancarias. Según el estudio, un porcentaje mayor de pymes ha logrado obtener el 100% de la cantidad requerida, con plazos más acordes a sus proyectos. Sin embargo, esta bonanza tiene un punto de fricción persistente que el informe identifica claramente: la exigencia de garantías adicionales para formalizar los préstamos.
La falta de avales continúa siendo uno de los principales cuellos de botella para el tejido empresarial. Aunque la incidencia ha disminuido ligeramente, el 39,2% de las empresas que recurren a la banca reciben solicitudes de garantías.
“Todavía al 40% de las pymes que recurren a la financiación bancaria para obtenerla se les ha solicitado o han requerido garantías, que es un porcentaje bastante importante”, advirtió Martínez.
Es en esta brecha donde las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) han reforzado su papel. Según los datos del informe, estas entidades facilitaron 3.084 millones de euros al tejido productivo en 2025 a través de más de 25.000 avales formalizados. El informe subraya que esta inyección de liquidez, que creció un 14% en un año, permite a las empresas obtener mejores plazos y tipos de interés sensiblemente más bajos.
Disparidad en la demanda del crédito
El estudio también arroja luz sobre la disparidad sectorial en la demanda de crédito. El transporte y los correos encabezan la intensidad de la necesidad de fondos (70,8%), seguidos por la agricultura y el comercio. Maribel Martínez incidió en que, aunque la inversión en bienes inmuebles ha ganado algo de peso en el último ejercicio, la urgencia operativa del circulante ha marcado el paso de la mayoría de los sectores productivos.
Un dato que revela el informe es el enfriamiento de la inversión en activos intangibles y sostenibilidad. El porcentaje de pymes que busca financiación para procesos de digitalización o transición ecológica ha caído hasta el 22,8%. Este retroceso sugiere que las empresas están priorizando la tesorería inmediata sobre la transformación a largo plazo, una tendencia que el documento describe como especialmente acusada en el segmento de las microempresas.
En cuanto a la salud financiera del sector, el informe describe un escenario de “estabilidad financiera alta”. No obstante, existe un grupo de empresas en fase de decrecimiento, y un 1,8% que se califican como vulnerables.
Martínez describió el ejercicio como un año de “mucha estabilidad en el ámbito financiero y en el ámbito económico”, a pesar de que el aumento de facturación no siempre se traslada a los beneficios netos de las pymes.
Las perspectivas para el cierre de 2026 son de continuidad moderada según las encuestas realizadas para el estudio. El 50% de los empresarios prevé que su facturación se mantenga estable, mientras que un 39,8% confía en registrar crecimientos. Estas expectativas, sin embargo, no se trasladan con fuerza al empleo: el informe indica que el 83% de las pymes no contempla variaciones en su plantilla en los próximos doce meses.
El Economista, 18-05-2026