Europa apuesta por su proyecto de divisa digital como alternativa para lograr la autonomía frente a los oligopolios estadounidenses. No obstante, una mala implementación de este sistema podría traer problemas para el sector bancario, así como riesgos para la transparencia, la seguridad y la privacidad La carrera de las potencias por implementar divisas digitales ha dejado de ser silenciosa. Mientras que el Gobierno estadounidense ha redoblado su apuesta por las criptomonedas menos volátiles (stablecoins) con la llamada Ley Genius, Europa y China aceleran en su carrera hacia el euro digital y el e-renminbi (yuan electrónico). En apariencia, el objetivo es lograr sistemas de pago mucho más eficientes y descentralizados, similares al efectivo. Sin embargo, algunos expertos consideran que esta transformación podría esconder una revolución geopolítica del dinero. En este contexto, cabe preguntarse ¿qué riesgos y beneficios supone el euro digital?
En principio, existen dos tipos de divisas digitales que están tomando protagonismo como posible complemento o alternativa al efectivo y a los medios de pago convencionales a nivel global. En primer lugar, están las monedas digitales emitidas por bancos centrales (CBDC por sus siglas en inglés). Ejemplos de estas monedas son el e-renminbi (conocido como yuan electrónico o e-CNY) o la rupia digital. En segundo lugar, se encuentran las stablecoins, definidas por el Banco de España como criptomonedas “diseñadas con la intención de minimizar la volatilidad de su valor, ligando su valor a un activo o varios activos con valor estable”, como puede ser el dólar o el euro.
Así, la tendencia hacia la digitalización en este ámbito es mundial. Si bien la Administración Trump ha detenido el desarrollo de una moneda digital oficial en EE UU, proyectos estatales de CBDC se encuentran en desarrollo en la Unión Europea, Canadá, Corea del Sur y Reino Unido actualmente. Asimismo, ya existen modelos en etapas iniciales de implementación en China, Japón, Brasil, los Emiratos Árabes Unidos e India. De hecho, incluso el Banco de Pagos internacionales (BIS por sus siglas en inglés) se encuentra trabajando en una iniciativa de este tipo con alcance global.
“La mayoría de los países que exploran las monedas digitales de los bancos centrales se centran en mejorar los sistemas de pago, la inclusión financiera y la eficacia de la política monetaria, al tiempo que abordan retos como la privacidad y los marcos reguladores. Los Gobiernos están avanzando, pero todos tienen prioridades diferentes, desde la soberanía financiera hasta la reducción de la dependencia de divisas extranjeras o la mejora de la eficiencia de los pagos”, explica Milya Safiullina, analista de Scope Ratings a CincoDías.
En concreto, los expertos de Scope Ratings especifican que más de 130 países están estudiando la creación de CBDC, y más de 60 se encuentran en fases avanzadas de desarrollo, prueba piloto o lanzamiento. Sin embargo solo cuatro (Bahamas, Zimbabue, Jamaica y Nigeria) ya han puesto en marcha sus CBDC.
“Los sistemas de pago globales están experimentando cambios importantes. A medida que el efectivo continúa perdiendo terreno, los bancos centrales de todo el mundo trabajan en monedas digitales, no solo como un avance tecnológico, sino también como una herramienta estratégica para reforzar la soberanía financiera”, indica Börries Többens, socio de KPMG en un análisis reciente.
Del otro lado, las stablecoins ya se encuentran ampliamente extendidas a nivel global a través de plataformas privadas, y están reguladas por normativas como la Ley Genius en EE UU o el reglamento MiCA en Europa. Actualmente, algunas de las criptodivisas más conocidas de este tipo son Tether, USDC y DAI, que están altamente vinculadas al dólar. Según McKinsey, el valor de estos activos actualmente ronda los 250.000 millones de dólares.
“Estos proyectos pueden alterar de forma estructural los flujos financieros internacionales, debido a muchos factores. Entre ellos se encuentran la potencial desintermediación del dólar como capa obligatoria o la posibilidad de liquidar en segundos entre bancos centrales. Esto último cambiaría la geografía de los flujos”, explica Javier Molina, analista sénior de mercados de la plataforma eToro a este diario.
El proyecto europeoEn el actual contexto de inestabilidad global, Europa busca alternativas para desvincularse del dominio estadounidense y chino en los ámbitos tecnológico y financiero. Por este motivo, lograr una divisa que permita al bloque evitar el oligopolio de pagos de Visa, Mastercard, Apple y Google es una prioridad para el Viejo Continente.
De momento, el BCE ya ha superado la mitad de la fase de preparación del proyecto, y la decisión de pasar a la siguiente fase está prevista para octubre de 2025. Sin embargo, cabe recordar que su introducción también dependerá de la posterior adopción de un marco jurídico y de su implementación.
Una vez consolidado, se anticipa que el euro digital podría aportar soberanía monetaria a la Unión Europea, mayor acceso garantizado a dinero de banco central seguro y más independencia para los clientes. “Actualmente, los pagos digitales en Europa dependen en gran parte de redes privadas no europeas y de stablecoins ligadas al dólar. Un euro digital emitido por el BCE facilitaría que los ciudadanos y empresas tuvieran acceso a una forma de dinero público en formato digital, evitando la dolarización digital o dependencia de infraestructuras extranjeras”, asevera Javier Molina.
Justamente, uno de los principales beneficios de este proyecto sería que Europa gane autonomía, transparencia de las transacciones y mayor control en la lucha contra el blanqueo de capitales. “De forma similar a las stablecoins, el euro digital incrementará la eficiencia de los pagos al permitir liquidaciones en tiempo real o casi instantáneas, mejorando especialmente los pagos transfronterizos. Al reducirse la necesidad de intermediarios como bancos o compañías de tarjetas de crédito, es probable que las comisiones de transacción caigan de manera drástica”, señala Claudio Wewel, estratega de divisas en J. Safra Sarasin Sustainable AM (JSS) a este diario.
RiesgosLos expertos, sin embargo, alertan también de posibles dificultades. Javier Molina, por ejemplo, considera que, en el corto plazo, los principales riesgos que habría que vigilar son la privacidad, la ciberseguridad y la estabilidad bancaria. No obstante, a largo plazo, el riesgo principal sería de una potencial mayor concentración del poder monetario. “El poder monetario podría concentrarse en tres polos diferentes. Los bancos centrales vía CBDC; las grandes corporaciones [como Amazon, PayPal o JP Morgan] que ya estudian su dinero tokenizado; y las stablecoins reguladas dominantes”, indica Molina.
Más allá de lo anterior, otra preocupación citada por los expertos es que el euro digital también pueda debilitar la rentabilidad de los bancos y aumentar los costes, sobre todo en su fase inicial. “En ausencia de disruptores, la mayor velocidad del dinero podría acelerar las retiradas masivas de depósitos bancarios en una crisis, provocando una crisis de liquidez y conduciendo a la quiebra de los bancos”, evalúa Milya Safiullina.
Por otro lado, el euro digital también podría plantear un posible reto de financiación para los bancos. “Como posible depósito de valor, un euro digital en un monedero garantizado por el BCE podría ofrecer a los usuarios una alternativa más segura y fiable a los depósitos bancarios tradicionales. Si la gente empieza a mantener una mayor parte de sus fondos en euros digitales en lugar de en depósitos bancarios tradicionales, los bancos podrían ver cómo se reducen los saldos de los depósitos. Esto podría afectar a su capacidad de prestar dinero y aumentaría el coste de la financiación”, pondera la analista de Scope.
Trump presionaMás allá de los desafíos mencionados, las fuentes consultadas enfatizan que el Gobierno de Estados Unidos está apostando fuerte por los criptoactivos menos volátiles, y esto podría suponer un problema para Europa y las otras potencias. Según algunos expertos, su reciente normativa refleja un “giro estratégico” lejos de los CBDC, y optando en su lugar por centrarse en el desarrollo y crecimiento de stablecoins legales y legítimas respaldadas por dólares en todo el mundo y la emisión y operación de activos digitales.
“Esta ley refuerza la supremacía del dólar en el ámbito de los activos digitales y consolida su papel como divisa de reserva global al generar una demanda adicional de activos tradicionales denominados en dólares”, evalúa Claudio Wewel.
A pesar de esto, el estratega de JSS considera que el euro está emergiendo como una alternativa creíble al dólar, y que el euro digital podría contribuir a que alcance un mayor liderazgo global. “Destacamos que un mayor uso del euro como divisa de reserva lo haría más estable durante las recesiones cíclicas y probablemente reduciría los costes de financiación de los Gobiernos europeos. A más largo plazo, el aumento de la demanda y la pérdida del excepcionalismo estadounidense deberían permitir una mayor apreciación del euro, que en la actualidad difícilmente puede considerarse sobrevalorado. Con todo, reconocemos que este es un proceso largo y lleno de obstáculos por superar”, valora Wewel.