Los ataques de Israel y Estados Unidos contra el régimen iraní han despertado el fantasma, todavía vivo, de la inflación global. Las subidas en los precios del petróleo y del gas natural tras los bombardeos del sábado amenazan con trasladarse al bolsillo de un consumidor que todavía sigue sin haberse recuperado del todo de la oleada inflacionaria de 2021. Aunque todavía es pronto para sacar conclusiones, los economistas anticipan que los ataques tendrán un efecto sobre los precios del consumo. Lo que todavía está por definirse es su dimensión.
Por lo pronto, los precios del barril de Brent -la referencia del petróleo en Europa- se dispararon un 8,8% el lunes hasta el entorno de los 78 dólares. Además, la cotización del gas natural en el mercado europeo (Dutch TTF) se incrementó un 44,5% en una sola sesión. Las dos materias primas se sitúan ya en máximos no vistos desde comienzos del año pasado, lo que sugiere que los mercados confían en que los efectos del conflicto serán limitados, pues las cifras están lejos de los máximos alcanzados tras la guerra en Ucrania. Una percepción que comparten los economistas consultados por La Información Económica, aunque consideran que todavía es pronto para conocer el alcance que tendrá la guerra. Sin embargo, si la escalada muta en un conflicto duradero, de mayor alcance regional y con una afectación prolongada a las rutas comerciales (el estrecho de Ormuz) los efectos sobre la economía podrían intensificarse. “Si el barril de Brent llega a los 100 dólares ya podría ser un punto de inflexión”, explica María Jesús Fernández, economista sénior en Funcas. Ese umbral psicológico, que se alcanzó durante varios meses consecutivos tras la invasión rusa de Ucrania, es el que Fernández considera clave para ver un repunte de la inflación que se contagie por toda la economía, más allá de la energía.
En concreto, estima que un Brent a 100 dólares podría acabar provocando una subida de un punto porcentual en la inflación. Fernández apunta a que si ese nivel de precios se prolongara durante varios meses, la economía podría acabar creciendo menos de lo previsto. No obstante, sostiene que el escenario actual, en el que el barril ronda los 80 dólares es “perfectamente asumible”. Las últimas previsiones de Funcas plantean que si esa referencia de los 80 dólares se mantuviese durante todo el año, los precios del consumo podrían subir un 3% en 2026 (la estimación actual es de un 2,4%). “En España, casi la mitad de la energía viene del petróleo. Las subidas del precio del barril de Brent se trasladan muy rápido a los precios de la gasolina y el gasóleo”, explica, por su parte, Antonio Sanabria, del Departamento de Economía Aplicada, Estructura e Historia de la facultad de Económicas de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Sanabria coincide en que aún es pronto para sacar grandes conclusiones y que las subidas que se han visto en petróleo y gas son menores de lo que podría esperarse. Sin embargo, advierte de que la dependencia del petróleo en sectores clave como el transporte de mercancías es “muy alta” en España.
El conflicto impacta negativamente sí o sí en los precios y el poder adquisitivo. Esa lección ya la tenemos aprendida, cuenta Manuel Hidalgo, profesor de la Universidad Pablo de Olavide y Senior Fellow de EsadeEcPol. “La cuestión aquí no es qué va a pasar, sino cuánto va a ser el impacto en volumen. La incertidumbre es elevadísima, estamos pendientes de la duración, la escalada y otras variables que ahora mismo no sabemos”, agrega.
Hidalgo apunta que la situación actual es diferente a cuando Rusia invadió Ucrania, una agresión que impactó de lleno en los precios del diésel, el gas, los fertilizantes y ciertos productos alimentarios para los que no había alternativa a corto plazo. Sin embargo, no hay que olvidar que las subidas de precios adicionales que pueda causar el conflicto llegan después de un periodo de seis años en el que la inflación ha repuntado un 23% en términos acumulados. “El problema es que venimos ya de un periodo donde se perdió poder adquisitivo y estábamos a punto de recuperarlo. Si el conflicto se enquista y escala, todo esto hay que quitarlo de la agenda”, resume Hidalgo. Para Salvador Marín, director del Servicio de Estudios del consejo General de Economistas, el conflicto “no es una buena noticia para los precios”, pero destaca que la economía ya tiene “callo” después de las turbulencias de los últimos años. “Nuestra economía se ha puesto a hacer los deberes por si ocurría algo como esto”, cuenta. Marín sostiene que el impacto de las subidas de precios del gas está más controlado, pero advierte de que la afectación a las rutas marítimas, el precio de los alimentos o los combustibles siemper acaban afectando a la cadena de suministros.