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12 de abril de 2009

Expansión.com

El PIB per cápita cae 600 euros y pierde convergencia

La riqueza media de los españoles no volverá a los niveles de 2007 hasta, al menos, 2011. El objetivo oficial de superar la renta de los grandes socios del euro se esfuma con la crisis.

El valor de las viviendas se desinfla, los puestos de trabajo son más inestables, el grifo del crédito permanece cerrado y la sensación de pobreza, por tanto, avanza. La enfermedad de la economía nacional y el tsunami financiero mundial han truncado uno de los grandes objetivos del Gobierno para esta legislatura: la convergencia plena de la renta de los españoles con la de socios más prósperos del euro.

«El criterio que mide todos los parámetros de prosperidad» pasa, según el presidente del Gobierno, por el avance de la renta per cápita de un país. Pero España no va a volver a alcanzar la riqueza relativa de la que gozaba en 2007 hasta, al menos, 2011. El tren de la prosperidad del que habla José Luis Rodríguez Zapatero se paró en 2008: el PIB per cápita se estancó en 26.200 euros, frente a los 28.000 euros de la zona del euro (medidos en paridad de compra), según las últimas previsiones de Eurostat. Y para este año, cada español perderá 600 euros, hasta los 25.600 de media, según las previsiones de la Fundación de Cajas de Ahorros a las que ha tenido acceso EXPANSIÓN.

El servicio de estudios de las Cajas –a partir de las previsiones de Eurostat– calcula que el PIB per cápita de los españoles quedará estancado en el entorno de los 26.000 euros en 2010. Por tanto, España puede permanecer cuatro años esperando hasta que vuelva a pasar el tren de convergencia con la Unión Europea.

Modelo fallido
Este receso es un indicativo claro de los problemas del modelo de crecimiento de la última década. España ha crecido gracias al boom inmobiliario –se levantaban más de 500.000 viviendas anuales–, el boom demográfico –el número de inmigrantes se ha multiplicado por cuatro hasta superar los cinco millones– y la incorporación de trabajadores a sectores de mano de obra intensiva, pero de cualificación media-baja. Principalmente, el de la construcción, los servicios asociados, etc.

En la misma etapa de expansión, la competitividad de la economía española ha caído entre un 15% y un 20% –según estimaciones del premio Nobel de Economía, Paul Krugman–.

La irrupción de la crisis ha destrozado los pilares de la renta de los hogares. Las familias, que basaban parte de su riqueza neta en la expansión del ladrillo, han visto como el valor de sus inmuebles se ha desplomado hasta un 20% en apenas un año. Mientras que el mercado laboral ha sumado más de un millón nuevo de parados.

De los 13 millones de desempleados que hay en la Unión Europea, 3.605.402 son españoles. De éstos, tan sólo un tercio tiene derecho a algún tipo de prestación delEstado, lo que quiere decir que el resto se encuentra al borde la necesidad extrema si la economía no cambia de tendencia –según el INE, 800.00 familias sobreviven en España con todos sus miembros desocupados–.

España es el segundo país de la Unión Europea con un mayor porcentaje de población en riesgo de pobreza, el 20%. Una cifra sólo superada por Letonia (21%) e igualada por Italia y Grecia, según un informe reciente de la Comisión.

La autoridad comunitaria advierte de que «en los próximos meses podría repuntar seriamente la proporción de personas desempleadas en situación de pobreza», que era el 37% en 2007, «así como en el porcentaje de personas que vive en hogares en los que no trabaja ninguno de sus miembros».
La tormenta financiera, por lo tanto, va a dejar huella en lo que el Gobierno llama economía real. Esto es, el nivel de vida de las familias.

La hora de las reformas radicales
El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, insiste en el que el origen de esta crisis no es laboral. Sin embargo, España es el país de la OCDE que más empleos destruye. Los organismos internacionales y patronales insisten en la necesidad de abordar una gran reforma, pese a las reticencias de los sindicatos.

Luis Garicano, profesor de la London School of Economics, argumenta que lo más importante sería permitir a los trabajadores y empresarios desvincularse de los acuerdos sectoriales que no respetan las situaciones diferenciales de las empresas, y tomar medidas serias que permitan a los trabajadores flexibilizar la jornada. Esta última medida favorece a trabajadores, a familias, a empresas y permite repartir el impacto de la crisis».

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