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20 de febrero de 2002

Cinco Días

La eficiencia energética en la producción española cae desde 1990

España necesita un 19% más de energía por unidad de producto que la media de la Unión Europea.

Junto con Portugal, es el único país de la UE-15 -miembros anteriores a la última ampliación- que ha retrocedido en su eficiencia energética entre 1990 y 2003.

España retrocede peligrosamente en la clasificación europea de eficiencia energética. El consumo de energía por unidad de Producto Interior Bruto supera en un 19% la media de la UE-15 (Unión Europea anterior a la ampliación de 2004), mientras que hace apenas 15 años se situaba por debajo de la media.

El futuro inmediato de la energía pasa por dos ejes: el Protocolo de Kioto, que obliga a contener la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, y la presión de la demanda generada por las potencias emergentes. Con estos mimbres, los países productores de petróleo y gas son capaces de condicionar las relaciones internacionales, y se benefician de unas subidas de precios de hasta el 200% en los últimos tres años. Mientras sucede todo eso, el modelo productivo español se dedica a consumir cada vez más energía.

La vinculación entre crecimiento económico y consumo energético en España es muy estrecha: si entre 1990 y 2003 la mejora media anual del PIB fue del 3,6%, la utilización de energía creció anualmente incluso más: un 3,8%. El dato contrasta con el conjunto de la Unión, donde el consumo de energía creció sólo un 1,1% anual, menos de la mitad del incremento del PIB (2,3%).

Estos datos confirman que, en el ámbito europeo, las lecciones extraídas de las crisis energéticas de los años setenta han servido para mejorar la eficiencia productiva. Así, la relación consumo energético sobre PIB mejoró en los últimos quince años un 12% en Europa. En España, en cambio, ha retrocedido un 5,1%.

Esta marcha atrás tiene un impacto directo en la balanza comercial española, pues las importaciones se ven incrementadas por la factura energética. Si a la ineficiencia en el consumo se suman las escandalosas subidas de precios del petróleo o el gas, la incidencia en el agujero comercial está servida. Según el Ministerio de Industria, entre enero y noviembre del año pasado España importó productos energéticos por valor de 29.183 millones de euros, y exportó por poco más de 6.000 millones. Resultado: la energía supone por sí sola un tercio del desfase comercial de toda la economía.

Estructura productiva

El estudio, que aparece en el Informe de coyuntura económica de enero de Caixa Catalunya, recuerda que la utilización relativa de energía no depende sólo de mejoras técnicas y de proceso, sino también de la estructura productiva de cada país: Así, aquellos en los que los sectores que requieren una intensidad energética alta tienen mayor importancia tendrán menor eficiencia relativa que otros.

El sector industrial representaba en 2003 un 18% del valor añadido bruto en España y un 33% del consumo energético. En quince años, el país no registró ganancias de eficiencia en ninguna de las ramas de actividad que requieren mayor intensidad energética, lo que ha ahondado la brecha con el resto de la UE. En cualquier caso, los factores estructurales tienen menos importancia que los de pura mejora técnica en este aspecto.

Los países europeos que mejor aprovechan la energía que consumen son los mismos hoy que hace quince años: Dinamarca y Austria. Las mejoras más notables se han situado en Irlanda (pasó del décimo al cuarto puesto de la UE-15) y Luxemburgo (del decimoquinto al séptimo). Casualidad o no, se trata de los dos países con mayor renta per cápita en toda Europa.

Aunque su rendimiento económico global ha sido muy dispar, los dos países de la península ibérica son los que más han retrocedido en eficiencia energética: España (del sexto al duodécimo puesto) y Portugal (del séptimo al decimocuarto).

La dependencia energética crece un punto anual


La elevada demanda de energía en estos años ha tenido repercusiones importantes sobre la dependencia energética de la economía española. Mientras en 1990 las importaciones netas de energía representaban un 67% del consumo total, en 2000 este porcentaje era del 80,1%, y en 2005, según las proyecciones de la Comisión Europea, esta ratio se habría situado en el 82,4%. Así, la dependencia energética habría crecido a razón de un punto porcentual cada año, de forma que España apenas produce un 17,6% de la energía que consume.

Este rápido deterioro contrasta con la evolución en la UE anterior a la última ampliación, en donde el porcentaje de importaciones sobre consumo de energía aumentó apenas cuatro puntos (del 48,8% en 1990 al 52,7% en 2005). Pero tampoco el grueso de los Quince está a salvo de la dependencia: la Comisión Europea calcula que, de seguir la tendencia actual de agotamiento de reservas y crecimiento de la demanda, el porcentaje importado aumentaría hasta el 70% en 2030. Con estas perspectivas y el lento desarrollo de las energías renovables, no sorprende que destacados líderes de la UE hayan pedido en las últimas semanas que se reabra el debate sobre la utilización de energía nuclear.

La ineficiente utilización de la energía convierte a España en un país vulnerable a las crisis de un sector muy vinculado a las disputas políticas internacionales. Un ejemplo reciente fue el recorte de gas hacia varios países de la UE por el aumento de precio que Rusia decidió aplicarle a Ucrania, en respuesta a la deriva pro occidental de este país. España apenas recibe gas de Rusia, pero sus principales fuentes, Argelia y Nigeria, tampoco están exentas de inestabilidad.

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