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18 de enero de 2005

Cinco Días

Alemania pide que se flexibilice el tope del 3% que marca el Pacto de Estabilidad

La reunión del Consejo de ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea que hoy comienza en Bruselas tiene un punto principal en su orden del día: la reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Las primeras informaciones antes de que comience la cumbre hablan ya de mayor flexibilidad y de “perdonar” a los países infractores.

En el Consejo de hoy los ministros de una Europa ampliada, y con la ratificación por los Estados de la Constitución Europea de fondo, abordarán este espinoso tema. El canciller alemán Gerhard Schroeder ha calentado el ambiente pidiendo en un artículo que hoy publica el diario londinense Financial Times que se “relativice” la cifra del 3% recogida en el Pacto.
El primer ministro germano afirma que determinados niveles de déficit público son beneficiosos para el crecimiento, y ha pedido asimismo que la flexibilización se produzca no sólo para periodos de recesión, sino también para los de estancamiento. Schroeder termina pidiendo que en Europa se tengan en cuenta para cada caso algunas circunstancias específicas, como el coste de la unificación alemana.
La otra clave previa a la reunión de hoy ha venido dada por informaciones oficiosas de Bruselas, en las que se afirma que el Consejo estudiará la paralización de las sanciones contra Grecia. El país mediterráneo se convirtió en el mayor infractor cuando se descubrió que sus cuentas públicas habían maquillado durante seis años un déficit superior al permitido, razón por la cual se decidió abrir un expediente sancionador el pasado diciembre.
Pacto controvertido
Pilar fundamental de la Unión Económica y Monetaria que simboliza la moneda única, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento fijaba en un principio los requisitos que debían cumplir los países candidatos al euro para entrar en ese selecto club. Y los cumplieron.
Pero tras sujetarse al corsé de reducir el déficit público por debajo del 3%, los principales socios de la Unión, Francia y Alemania, se aflojaron los nudos y se permitieron, ante las críticas de países con menos peso económico en la UE, superar dicho límite.
Desde entonces se han sucedido continuamente las alusiones al pacto. Entre quienes consideraban que era un instrumento válido pero excesivamente rígido (esencialmente la “locomotora” francoalemana), y quienes clamaban a la Comisión Europea para que impusiese sanciones a los díscolos aunque poderosos infractores, giró toda la discusión de la construcción Europea en los últimos años.

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