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31 de enero de 2024

La Información

El FMI rebaja el PIB al 1,5% pero sitúa a España a la cabeza de las economías euro

El Fondo Monetario Internacional rebaja dos décimas su estimación de crecimiento para la economía española en 2024, situándola cinco por debajo del cálculo del Gobierno, y mantiene el avance previsto para 2025 en el 2,1%

Una de cal y una de arena en un contexto económico que va a seguir muy marcado por los efectos de la crisis inflacionaria y de las subidas de tipos de los bancos centrales para hacerle frente. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha rebajado dos décimas su estimación de crecimiento para la economía española este año hasta el 1,5%. Este avance, que es inferior al previsto por el Gobierno en su último cuadro macroeconómico (2%), implica, sin embargo, que nuestro el PIB seguirá siendo el que más crezca de entre las grandes economías de la Eurozona. De cara al año que viene, el organismo capitaneado por la búlgara Kristalina Georgieva, mantiene su estimación para España en el 2,1%.

El FMI ha publicado este martes sus nuevas Perspectivas para la economía global, que suponen una revisión al alza en relación a las publicadas en octubre, pese a las tensiones crecientes en Oriente Medio, el mar Rojo o el enquistamiento de la guerra en Ucrania. Ante este escenario, y en un contexto en el que los bancos centrales no parecen dispuestos a rebajar de momento los tipos de interés, la economía del conjunto de la Zona Euro se verá más afectada que la española, dado que en su caso la rebaja de perspectivas es de tres décimas hasta el 0,9% del PIB, principalmente porque el crecimiento de sus grandes economías será también más débil: Alemania avanzará un 0,5% anual, Italia un 0,7% y Francia un 1%. La mayor "resiliencia" de la economía de Estados Unidos y de varias emergentes (sobre todo en el segundo semestre), unida al estímulo fiscal en China llevan al organismo a mejorar dos décimas su cálculo para el PIB mundial, que cerraría este año en el 3,1%, un nivel inferior al que venía registrando de media desde principios de siglo y hasta antes de producirse el estallido de la pandemia en 2019 (3,8%). El motivo es el impacto que tendrán los tipos elevados y el repliegue de todas las medidas anticrisis en un entorno de "fuerte endeudamiento que frena la actividad económica" y de bajo crecimiento de la productividad.

El organismo destaca que la inflación está disminuyendo más rápidamente de lo previsto en la mayoría de las regiones, mientras se disipan los problemas en el lado de la oferta y se mantiene la política monetaria restrictiva. El FMI estima, así, que los precios suban de media al entorno del 5,8% en 2024 y que se desaceleren más de lo previsto en 2025, hasta el 4,4%. "Ante la desinflación y el crecimiento firme, la probabilidad de que se produzca un aterrizaje brusco ha remitido, y los riesgos para el crecimiento mundial están en general equilibrados", señala el informe.

Estos pronósticos se basan en el supuesto de que los precios de los combustibles y otras materias primas bajarán tanto este como el próximo año, y en que también lo harán los tipos de interés en las principales economías. El FMI prevé que los precios medios anuales del petróleo se reduzcan alrededor de 2,3%, mientras que, para los de las materias primas distintas de los combustibles, contempla un descenso de 0,9%. Las proyecciones indican que las tasas de referencia de la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra se mantendrán en los niveles actuales hasta el segundo semestre de 2024, para después descender gradualmente, a medida que la inflación se aproxime al nivel fijado como meta. Vientos a favor y en contra de la economía mundial
Hay varios aspectos que podrían permitir una mejora de las previsiones. Si la inflación sigue moderándose más rápido de lo previsto las condiciones financieras serían menos duras. A la vez, una política fiscal más laxa podría dar lugar a un aumento temporal del crecimiento, si bien el ajuste posterior sería más costoso. Un mayor dinamismo de las reformas estructurales también podría tener efectos positivos sobre la productividad.

Por el lado de los riesgos, una nueva escalada de los precios de las materias primas a causa de las tensiones geopolíticas y las perturbaciones de la oferta, o una mayor persistencia de la inflación subyacente, "podrían prolongar las condiciones monetarias restrictivas", advierte el organismo con sede en Washington. Que la crisis inmobiliaria en China se agudice o las subidas de impuestos y los recortes del gasto vayan a más en otras regiones también podrían afectar negativamente al crecimiento previsto.

A corto plazo, las autoridades enfrentan el desafío de gestionar con éxito la desescalada de la inflación hasta los objetivos marcados por los bancos centrales, sin perder de vista la evolución de la subyacente, dado que tiende a reflejar tensiones más estructurales de los precios. Los gobiernos deberán redoblar los esfuerzos de consolidación fiscal para "restablecer la capacidad presupuestaria y poder abordar choques futuros, elevar los ingresos para afrontar nuevas prioridades de gasto y frenar el incremento de la deuda pública", señala el documento. En este sentido, los economistas del fondo inciden en que la aplicación de reformas estructurales "focalizadas y ordenadas" ayudaría a elevar la productividad y a hacer que el nivel de deuda fuese más sostenible.

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