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15 de septiembre de 2022

El Economista

China se prepara para una desaceleración que puede ser incluso peor que la de 2020

Los confinamientos siguen golpeando a múltiples ciudades clave
El mercado inmobiliario está en medio de una crisis histórica
Los ayuntamientos se ven obligados a emitir deuda para financiarse

Tan solo seis meses después de que el gobierno de China estableciera sus ambiciosos objetivos de crecimiento económico para el año, el crecimiento se ha desacelerado tanto que varios de los principales bancos del país ya no creen que el 3% sea alcanzable. Las proyecciones de crecimiento no paran de enlazar revisiones a la baja desde marzo, cuando se anunció el objetivo oficial de un crecimiento del PIB del 5,5%. El consenso en una encuesta de Bloomberg publicada este jueves apunta a que la economía subirá un 3,5% este año, el segundo nivel más bajo en más de cuatro décadas. Morgan Stanley y Barclays incluso se temen un crecimiento aún más lento, a medida que la economía mundial empeora y China sufre de lleno su impacto. El mayor lastre para la economía es la política de 'Covid Cero', que implica someter a toda la población a tests constantes y confinar de forma estrictísima a todas las zonas en las que se detecten casos. Aun así, la variante ómicron se ha extendido a todas las provincias este año, aprovechando el bajo nivel de vacunación de los ciudadanos y su falta de anticuerpos por infecciones previas, y casi 865.000 personas se han contagiado en lo que va de año. Las principales ciudades como Shanghái, Shenzhen y, más recientemente, Chengdu han encerrado a sus poblaciones para frenar los brotes. En Pekín ya se exigen tests cada 48 horas a toda la población, incluso en zonas donde no hay brotes conocidos.

Las restricciones y el cierre de empresas han afectado a los consumidores, y el gasto de los hogares lleva meses en caída. El índice oficial de confianza del consumidor llegó a su nivel más bajo en casi 10 años en abril y apenas se ha recuperado desde entonces. El turismo nacional ha pasado a mejor vida, y las fronteras siguen cerradas prácticamente por completo a la mayoría de viajeros internacionales.

"Es casi seguro que el impacto económico general de las restricciones de covid-19 empeoró en agosto, y probablemente volverá a hacerlo en septiembre", opina Ernan Cui, analista de Gavekal Dragonomics, en un informe reciente. "Los repetidos confinamientos de alto perfil en las principales ciudades hacen temer a los hogares la posibilidad de que se repitan, incentivándolos a consumir menos y ahorrar más, como han hecho desde el comienzo de la pandemia".

Pero no es solo la estricta política de 'Covid Cero' lo que está golpeando la economía. El colapso del mercado de la vivienda, la sequía y la débil demanda tanto en el país como en el extranjero han socavado el crecimiento.

Una burbuja inmobiliaria en ciernes
Lo que comenzó en 2020 como un intento del Gobierno de reducir la cantidad de deuda 'basura' de los promotores inmobiliarios se ha acabado convirtiendo en una crisis para todo el mercado inmobiliario. Los principales constructores han detenido la construcción de miles de pisos al quedarse sin fondos, los propietarios de viviendas han detenido los pagos de las hipotecas anticipadas de casas sin terminar -con las que los constructores financiaban las obras-, y la demanda de hormigón, acero y todos los materiales de obra se ha desplomado.

No hay indicios de que la contracción en la venta de viviendas -que comenzó en julio del año pasado- se haya aliviado. Los casi 900.000 millones de yuanes (129.000 millones de euros) de viviendas vendidas en julio de este año suponen un 30% menos que la cifra de ventas del año anterior. Además, el ritmo al que caen las ventas se ha mantenido estable todas las semanas de agosto, y los datos preliminares de septiembre muestran que la tendencia continúa imperturbable.

Jian Chang, economista jefe para China de Barclays, recortó la semana pasada su pronóstico de crecimiento para todo el año del 3,1% al 2,6%, citando la "contracción inmobiliaria más profunda y prolongada, los confinamientos constantes y la desaceleración de la demanda externa". La crisis de efectivo que enfrentan los constructores se extenderá hasta 2023 y la débil confianza en el mercado inmobiliario y la economía frenarán cualquier recuperación significativa en las ventas de viviendas, advirtió Chang.

Frenazo en la industria
De rebote, la crisis de la vivienda está golpeando de lleno al sector manufacturero de China, una pieza clave en la economía del país. La producción de acero cayó a mínimos de cuatro años en julio y, aunque hay algunos signos de recuperación, la demanda sigue siendo muy débil, con inventarios un 41% más altos a finales de agosto que a principios de este año. Mientras tanto, la producción de cemento durante el último año fue la más baja en más de una década.

Aunque el planeta puede celebrar que este parón ha reducido notablemente las emisiones de dióxido de carbono de China, el país está empezando a temblar por el efecto de la crisis energética que afecta a medio mundo. La demanda mundial de productos fabricados en China también se está desacelerando: el puerto de Shanghái, el más grande del mundo, procesó un 8,4% menos de carga por peso en agosto en comparación con el año anterior.

Los datos oficiales de agosto, que se publicarán el viernes, probablemente mostrarán una pequeña mejora en la producción industrial, las ventas minoristas y la inversión. Las cifras de septiembre tampoco apuntan a ser mucho mejores, con indicadores tempranos que muestran una mayor contracción en el mercado de la vivienda y daños en el gasto de los consumidores debido a las restricciones.

La situación fiscal empeora
Por si fuera poco, los gobiernos locales están gastando más en pruebas y en cuarentenas, lo que ha descuadrado sus cuentas. Unas cuentas que ya estaban bajo presión, ya que sus ingresos se están desplomando debido a la caída en la venta de terrenos para la construcción y a los recortes de impuestos para estimular la economía.

Los déficits presupuestarios se han disparado: el déficit hasta julio alcanzó los 5,25 billones de yuanes, casi lo mismo que en todo 2021 y peor que en el mismo punto de 2020. Algunos gobiernos locales no pueden pagar sus facturas a tiempo, y algunas empresas de tests de Covid están luchando para que les paguen.

Para financiearse, los ayuntamientos han emitido una cantidad récord de bonos especiales en la primera mitad del año, pero esos fondos son principalmente para inversión en infraestructura, no para gastos generales. Aunque el gasto en infraestructura se está incrementando, los economistas dicen que no será suficiente para compensar la caída de la inversión inmobiliaria, y es posible que el Gobierno deba aumentar el endeudamiento en el resto del año para cerrar la brecha presupuestaria.

Los medios estatales, aun así, son optimistas de cara a las perspectivas de la economía. La línea del Gobierno es que el crecimiento repuntará notablemente en el trimestre actual, señalando a indicadores tempranos y economistas que apuntaban a la recuperación de la demanda de materias primas y la relajación de las restricciones a la producción. Sin embargo, la Agencia Internacional de Energía pronostica que la demanda de petróleo en China caerá un 2,7% este año, la primera caída desde 1990. Una señal mucho más pesimista, y una clara advertencia de que la locomotora china es también vulnerable a los vientos que están afectando a todo el planeta.

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