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23 de noviembre de 2021

El Confidencial

Malas noticias para España: los rebrotes en Europa frenarán la recuperación nacional

España tiene una gran dependencia de las exportaciones a Europa, tanto de bienes como de servicios. El 91% de los turistas recibidos en verano procedían del continente

En Alemania el Gobierno cuenta con un consejo asesor independiente, popularmente conocido como 'los cinco sabios de la economía' (Fünf Wirtschaftsweisen), que ayuda en el análisis de la coyuntura y elabora recomendaciones. En su informe anual, publicado esta semana, recortó las previsiones de crecimiento para la locomotora europea: el PIB crecerá este año un 2,7% frente al 3,1% previsto. El recorte se debe a dos hechos que están actuando conjuntamente: el deterioro de la cadena de suministros y la propagación del coronavirus.

Los cinco sabios anticipan un pírrico crecimiento del PIB alemán del 0,4% en el último trimestre del año, muy lejos del 1,2% registrado durante el verano. No solo se están materializando los riesgos que los economistas veían en verano, además han surgido nuevos retos, como la cuarta ola del coronavirus, que está golpeando con dureza al centro y norte de Europa a pesar de las vacunas.

Todo ello a las puertas del invierno, el momento más delicado del año para la pandemia, ya que la población se concentra en estancias cerradas. Y con los precios del gas en plena escalada, la ventilación dispara los costes de calefacción.

Alemania marcó su propio récord de contagios esta semana con más de 65.300 casos confirmados en un solo día, lo que eleva la incidencia por encima de 336 casos por cada 100.000 habitantes en siete días. En España la situación sanitaria es mucho más favorable, aunque también está empeorando en las últimas semanas. En concreto, la incidencia a siete días ha escalado hasta superar los 60 casos.

La pandemia está controlada dentro de España, al menos de momento, lo que permite evitar las restricciones a la actividad. Sin embargo, como la economía tiene una alta dependencia del sector exterior, los problemas sanitarios en el resto del continente se contagian rápidamente a la actividad interna. El 35% del PIB depende de las exportaciones de bienes y servicios, diez puntos más que en los años 2000. Esto ha permitido transformar el déficit da la balanza de pagos en superávit, que fue el gran cambio estructural de la economía española durante la crisis financiera.

Cada punto de crecimiento del PIB en Europa se traslada a España con un avance del 0,9%.

Esta fortaleza en términos competitivos supone, al mismo tiempo, una vulnerabilidad ante los problemas económicos en el resto de Europa. Según las estimaciones que realizó BBVA Research antes de la pandemia, la elasticidad de la economía española ante las oscilaciones del PIB europeo era de 0,9 a 1. Esto es, cada punto de crecimiento de la Unión Europea genera en España 0,9 puntos de crecimiento, y a la inversa ocurre en las recesiones. Esto significa que las oscilaciones de la economía europea tienen una gran incidencia sobre la actividad en España.

La situación es especialmente delicada para el sector turístico. Durante el pasado verano casi el 16% de los viajeros que visitaron España eran alemanes, el 20%, franceses y el 14%, británicos. Los viajeros de fuera de Europa apenas fueron un 9% del total. Esto significa que los turistas que le quedan a España ahora son los europeos, si el virus frena la movilidad, mucho menos querrán viajar al extranjero, provocando un nuevo parón en el turismo que previsiblemente se observará en las próximas semanas.

En estos momentos sería especialmente grave para Canarias, que entra ya en su temporada alta. También para las grandes ciudades, que atraen turismo cultural y de ocio durante el invierno. Salvar la campaña de Navidad es clave, pero ahora mismo ofrece más riesgos que oportunidades.

Los riesgos económicos están en permanente transformación durante esta pandemia. Si hasta hace unas semanas se centraban básicamente en la oferta (por los problemas de suministro y de vacantes), ahora vuelve a ser la demanda la que amenaza con una ralentización. Es el resultado de la vuelta de las restricciones a Europa por el aumento de la incidencia del virus: menos movilidad implica menor consumo.

Está por ver cómo funcionan en paralelo los problemas de oferta y demanda. Además, ambos son compatibles, ya que en el caso de la oferta la caída de la actividad se centra en la industria, mientras que en el lado de la demanda, el riesgo se concentra en los servicios turísticos. Una doble amenaza que se produce en el segundo pico de actividad estacional que tiene la economía española: la campaña de Navidad.


Rápida desaceleración
Este entorno plagado de incertidumbres está acelerando los recortes de la previsión de crecimiento para España de todos los organismos, públicos y privados. Todos salvo el Gobierno, que se mantiene firme en unas cifras que son casi inalcanzables con los datos actuales. Solo una revisión retrospectiva de la serie de contabilidad nacional por parte del INE podría conseguir que el PIB creciese tanto como prevé el Ministerio de Economía.

La encuesta mensual que elabora Bloomberg a las principales casas de análisis anticipa los efectos de la incertidumbre sobre la desaceleración. Las previsiones apuntan a un crecimiento del PIB del 1,4% en el cuarto trimestre del año, dos décimas por debajo de la previsión de octubre. Esto significa que la economía cerrará el año un 4,6% por encima del nivel existente hace un año (comparativa interanual del cuarto trimestre).

En apenas dos meses los analistas han recortado en dos puntos la previsión de crecimiento de España. Dos puntos equivale a todo el crecimiento que registró España en el año 2019. En este recorte influyen decisivamente los pobres datos de crecimiento del segundo y el tercer trimestre del año, que se quedaron muy por debajo de las previsiones.


Pero el pasado ya es historia y la clave está en el futuro. Y en los últimos días se están acumulando nubarrones. El Gobierno confiaba en que el crecimiento acelerara en 2022 a medida que la reapertura permitiese un impulso a la demanda, pero los problemas de oferta (incluyendo la inflación), junto con los rebrotes del virus están complicando la coyuntura económica.

Los expertos del panel de Bloomberg estiman que la economía sufrirá una ralentización brusca durante el otoño: pasará de crecer un 2% a un 1,4%. Según sus previsiones, la desaceleración se mantendrá durante el invierno y descartan que vuelva a producirse una aceleración. Al contrario, estiman que el crecimiento del PIB convergerá al crecimiento potencial de la economía española, lo que dificultará enormemente que el país pueda recuperar la senda de crecimiento que tenía España antes de la pandemia. O lo que es lo mismo, la pandemia dejará cicatriz.

Aunque las previsiones en esta crisis están siendo papel mojado, con cambios bruscos incluso cada mes, lo relevante en este momento es que la recuperación se está enfriando. Eso no significa que no pueda producirse una aceleración en 2022, pero actualmente ese escenario parece poco probable.

A este ritmo, España no alcanzaría el nivel de PIB previo a la crisis hasta la primavera de 2023. Realmente es imposible hacer una previsión certera de cuándo se conseguirá este hito, pero cada día parece más claro que será, al menos, más de un año más tarde de lo que anunció la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, el pasado mes de septiembre.
Uno de los factores que más han influido en el recorte de las previsiones es el retraso en la ejecución de los fondos europeos del Plan de Recuperación. Las dificultades de las diferentes administraciones públicas para poner en marcha este proyecto de inversión tan ambicioso ha provocado que la ejecución sea más lenta de lo estimado inicialmente. BBVA Research, por ejemplo, recortó en octubre en cuatro décimas la previsión de crecimiento del PIB de España este año por este motivo, y para 2022 ha quitado tres décimas adicionales.

En los próximos meses entrará en juego otro factor importante: las políticas económicas que va a desplegar el Gobierno en el marco de los compromisos alcanzados con Bruselas. En muchos casos el objetivo de estas políticas va a ser el factor trabajo, ya sea la subida de cotizaciones anunciadas, el endurecimiento de la regulación contractual, la subida del salario mínimo interprofesional, la subida de las bases de cotización, etc. Estos cambios legislativos están produciendo incertidumbre a corto plazo y, a medio, podrían provocar también efectos colaterales negativos sobre la contratación. Una amenaza adicional para la salida de la crisis, cuando el PIB de España está todavía en torno a un 5% por debajo de los niveles previos a la pandemia.

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