domingo, 07 de marzo de 2021

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10 de noviembre de 2020

El Economista

La vacuna es la llave de la recuperación de la economía española

Tener una vacuna efectiva con relativa prontitud es la llave de la recuperación de las economías más castigadas por la crisis, siendo España uno de sus máximos exponentes. Las prometedoras noticias provenientes de Pfizer ayudan a pensar en un escenario económico positivo para el segundo trimestre de 2021, pudiendo marcar la economía el 'suelo' entre el cuarto trimestre de 2020 y el primer trimestre de 2021. Sin embargo, conviene extremar la prudencia tras otros anuncios anteriores como fue el caso de AstraZeneca y otros laboratorios dedicados a conseguir la vacuna para el 'coronavirus'.

Si finalmente se cumplen las expectativas y se obtiene una vacuna efectiva a un grado superior al 90%, esto constituirá el punto de partida de un proceso de estabilización de los países tanto en lo sanitario como en lo económico, el cual continuará con la normalización de los movimientos tanto de personas como de comercio entre los países y de ahí finalmente a restablecer el normal funcionamiento del mundo para mediados o finales de 2022.

La etapa más dura para España será, sin duda, la estabilización, ya que la suma de pandemia y la pésima gestión que se ha hecho de la crisis desde finales de marzo, ha provocado una destrucción de capital sin parangón en la historia reciente del país. España encabeza junto a Reino Unido el ranking de los países europeos con una mayor incidencia real de la enfermedad (las mayores cifras de mortalidad por millón de habitantes) y, al mismo tiempo, el mayor desplome del PIB, junto con una menor expectativas de recuperación de los agregados macroeconómicos para 2021 frente a lo inicialmente previsto antes de verano: -12,4% para 2020 y +5,4% para 2021. En este sentido, en términos macro, la vacuna ayuda a una recuperación más rápida de las expectativas tanto de los empresarios como de los inversores. Precisamente estos últimos son los primeros que han cotizado la noticia de Pfizer, especialmente en los sectores más castigados por la crisis como la aviación, el turismo o el sector financiero, entre otros. Una realidad como es disponer del principal remedio para un virus tan dañino como el presente no ayuda tanto a acortar la duración de la crisis sino a suavizar sus graves consecuencias de largo plazo, además de introducir cierta racionalidad en la lucha contra la enfermedad donde se están tomando medidas más propias del siglo XIX que del siglo XXI.

La duración de la crisis está determinada por el tiempo que se tardará en recuperar el capital productivo destruido y no el consumo como suele pensarse. Una destrucción de capital como la que se producirá en España al cierre de año (el agregado inversión caerá un 17,3% en 2020 según las últimas estimaciones de la Comisión Europea) difícilmente se puede remontar en un período no inferior a 3 años, suponiendo que la inversión empresarial se reactive fuertemente. El mismo principio que han aplicado muchos inversores ("buy before the vaccine") es el que el Gobierno debería estar aplicando para recuperar urgentemente la inversión productiva: "tomen medidas antes de la vacuna".

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