jueves, 29 de octubre de 2020

Noticias

Buscar

Restaurar

08 de octubre de 2020

El Economista

EEUU camina hacia un abismo desconocido: en 30 años su deuda rozará el 200% del PIB, casi el doble que tras la IIGM

La pandemia acelera un proceso que se fragua desde hace medio siglo
La inflación y la confianza en el dólar serán gravemente perjudicados

La Oficina Presupuestaria del Congreso de EEUU (CBO por sus siglas en inglés) sacó a la luz hace unos días un tan esperado como aterrador gráfico: la proyección de deuda pública del país hasta el año 2050. En la figura se aprecia cómo esta deuda se iría disparando progresivamente hasta llegar al 195% del PIB dentro de 30 años. Una cifra inédita que queda lejos del 106% del PIB que alcanzó la deuda del Tesoro justo al acabar la II Guerra Mundial.

Cabe señalar que la deuda pública a la que hace referencia el informe en todo momento ('debt hold by the public') es aquella en manos de otros países, tenedores privados y la Reserva Federal. No se incluye la conocida como deuda intragubernamental, en manos de diferentes organismos estatales. La suma de esta última (ahora mismo por encima de los 5 billones de dólares frente a los más de 20 billones de la otra) elevaría aún más unos porcentajes en relación con el PIB ya de por sí preocupantes.

Si las previsiones de la CBO anteriores al covid-19 ya apuntaban que la deuda pública seguiría escalando de forma alarmante en los próximos años según encontraban sedimento las bajadas de impuestos de Donald Trump, faltaba la fotografía una vez los efectos de la pandemia se han dejado sentir en la economía. El lanzamiento masivo de estímulos y el endeudamiento para taponar las heridas causadas en la sociedad elevan la proyección de deuda pública hasta el 98% del PIB estadounidense para este 2020, un nivel considerablemente mayor que el 79% previo al virus En sus notas, el órgano destaca que a partir de 2023 la deuda superará con holgura la citada marca récord posterior a la IIGM. Unas cotas que contrastan, por ejemplo, con el dato de 2007, justo antes del estallido de la crisis, cuando la deuda se situaba en el 35% del PIB. Para entender la magnitud de la 'tragedia', la CBO apostilla que "en los últimos 50 años, la deuda ha alcanzado un promedio del 43% del PIB". EEUU llegaría al ecuador del siglo XXI multiplicando este promedio casi por cinco. La pandemia ha agravado un problema que no viene de ahora y que tampoco puede achacarse solo a Trump. A pesar de que el Partido Republicano siempre ha renegado del incremento de la deuda pública, la realidad es que esta se ha incrementado una y otra vez cuando han dirigido el país. De los diez presidentes que más han aumentado el déficit presupuestario federal a nivel porcentual, la mitad son republicanos. Aunque la lista la encabeza el demócrata Franklin D. Roosevelt, con un 1.048% en 12 años de mandato por su New Deal y la Segunda Guerra Mundial, seguido del también demócrata Woodrow Wilson, con un 727% en ocho años al lidiar con la Primera Guerra Mundial, los dos siguientes son los republicanos Ronald Reagan (186%) y George Bush hijo (101%). El repaso de las cifras deja a las claras que no es un problema achacable a un partido político. El verdadero problema yace en que el fuerte aumento del déficit se ha convertido en costumbre para los ocupantes del Despacho Oval. Desde que Richard Nixon asumiese la presidencia hace más de medio siglo, ningún presidente ha dejado un incremento del déficit inferior al 30% con respecto a su predecesor.

El agujero de los déficits
Las políticas de Trump van por el mismo camino. Aunque prometió durante su campaña electoral de 2016 que reduciría la deuda, esta no ha hecho más que aumentar durante su mandato, al ejecutar una política económica basada en la reducción de impuestos especialmente para las empresas -aunque la recaudación fiscal no ha dejado de aumentar- y el incremento significativo de partidas de gasto como defensa. Pese a todo, el magnate no ha añadido -hasta antes de la pandemia- mucha más leña al fuego. Sus previsiones de cara a 2021 eran sufrir un déficit presupuestario de 1.177 billones, por lo que la suma de sus cuatro presupuestos anuales daría un déficit algo inferior a los 5.000 billones. Esto supondría una subida porcentual del 24% con respecto al lastre de deuda dejado por Barack Obama quien, a su vez, la había incrementado previamente un 74%. Precisamente el gran agujero por el que se 'escapará' este dinero lo sitúa la CBO en el sucesivo aumento de los déficits que conllevarán asimismo un cada vez más elevado gasto en intereses de la deuda. Un progresivo envejecimiento de la población en un ámbito marcado por las secuelas del coronavirus aumentará el gasto en Seguridad Social, programas de salud y atención médica. Esta dinámica, unida a una muy leve subida de los ingresos en las próximas décadas (de una media del 16,4% del PIB de 2010 a 2019 a una del 18,4% entre 2041 y 2050 con las leyes actuales), irá ensanchando los déficits.

Aunque las proyecciones de la CBO arrojan descuadres presupuestarios de en torno al 5% del PIB entre 2021 y 2030 tras superar el déficit previsto del 16% en 2020, los porcentajes crecen preocupantemente hasta doblarse. Entre 2031 y 2040 se llegaría al 7,5% y entre 2041 y 2050 al 10,9%. Una escalada paralela a la del aumento del gasto (32% del PIB en 2020; 22,5% en la década de 'los 20'; 25,4% en la de 'los 30' y 29,3% en la de 'los 40').

Intereses vs. Gasto sanitario
El drama termina de fraguarse cuando entran en escena los intereses de la deuda. El cálculo de la CBO es que éstos pasarán del 1,5% del PIB en 2030 al 3,8% en 2040 y al 6,5% en 2050. Dentro de 30 años, el pago de intereses de la deuda ya se situaría como la segunda mayor partida de gasto tras los programas de salud, adelantando a otras como la Seguridad Social, el gasto discrecional y otros gastos obligatorios que ahora mismo se sitúan todavía bastante por encima. Con esa progresión, para 2055 el gasto en intereses superaría ya el gasto sanitario.

La última 'estocada' vendría de algo por lo que la CBO pasa de puntillas, y es que el hecho de que EEUU se encamina a ser un país cuya primera fuente de gasto sean los intereses no gustará a los inversores en el mercado de bonos, acelerándose probablemente esta subida de los intereses más de lo que estima el informe de la Oficina Presupuestaria.

El escrito acaba haciendo una admonición en lo tocante a la inflación y al dólar: "La Reserva Federal con toda probabilidad no podrá respaldar ampliamente el endeudamiento del gobierno sin aumentar la inflación esperada y causar una erosión de la confianza en el dólar estadounidense como moneda de reserva internacional".

Dos problemas relativos -la inflación y el dólar- según la visión de Warren Buffett. Abarcando esta coyuntura del crecimiento desbocado de la deuda, el gran inversor declaró el pasado mes de mayo que EEUU nunca quebraría por mucho que esta aumentara. Buffett basaba su pronóstico en que EEUU siempre emite deuda en su propia moneda, lo que favorece que pueda sacar la impresora del dinero cuando sea menester. "Si emites bonos en tu propia moneda, la cuestión será qué le ocurra a la moneda. Pero no quiebras. EEUU ha sido inteligente al emitir su deuda en su propia moneda", aseguraba Buffett exponiendo el caso de Argentina y de otros países con su deuda en otra divisa.

Volver Subir

Otros proyectos de CEPREDE

Diseño Web: Banner Publicidad