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10 de septiembre de 2020

El Economista

El difícil equilibrio del BCE para evitar una guerra de divisas

La fortaleza del euro y las pobres perspectivas para la inflación han colocado al BCE sobre un fino alambre para guardar el equilibrio en su política monetaria. Para complicar todavía más las cosas, la presidenta del banco, Christine Lagarde, no deberá perder de vista a Donald Trump y sus ataques furibundos al euro. Cualquier paso en falso para contener a la divisa comunitaria puede devolver al tablero de juego la amenaza de una guerra de divisas.

Antes de la pandemia del coronavirus, los mercados se movían a golpe de tuit del presidente de EEUU, Donald Trump. Entre sus víctimas favoritas se encontraban el euro y el BCE. El mandatario acusaba con frecuencia al banco central de mantener el euro artificialmente bajo para perjudicar a EEUU. Aunque esta amenaza parece enterrada, con Trump entretenido en campaña electoral, es un factor a tener en cuenta sobre las opciones reales que tiene Lagarde para influir en el tipo de cambio.

La apreciación del euro llega en un momento muy delicado para el BCE. Con la recuperación desvaneciéndose y la inflación sin dar señales de vida, la moneda se ha revalorizado alrededor de un 10% desde los mínimos de marzo, rozando los 1,20 dólares. Por cada subida del 10% de la divisa comunitaria fulmina 0,4 puntos porcentuales de inflación, comentan los expertos de Nomura, recordando los cálculos de Mario Draghi, antecesor de Lagarde, en 2014. El ex presidente ya se encontró con el mismo problema que plantea el euro en la salida de la anterior crisis y no le quedó más remedio que llevar a los tipos a cero y ampliar las compras de deuda. La inflación en la zona euro entró en terreno negativo en agosto por primera vez desde 2016. Actualmente, el BCE prevé que este año se sitúe el 0,3%, repunte al 0,8% en 2021 y se estabilice al 1,3% en 2022, todavía lejos del objetivo del 2%. Unos pronósticos que pueden ser revisados en la reunión de mañana.

La fuerza del euro provoca una situación endiablada para el BCE. Una moneda al alza desata los temores a la deflación, una caída en espiral de los precios, en la zona euro, y resta competitividad a las exportaciones europeas, y el BCE tiene pocas herramientas para evitarlo más allá de la retórica. Las principales economías han acordado desde hace mucho tiempo no devaluar sus monedas. Christopher Rieger, jefe de estrategia de Commerzbank AG apunta a que no puede tomar ninguna medida contra y advierte de que un exceso de retórica "puede desencadenar inmediatamente una reacción violenta de la administración de Estados Unidos y se arriesgaría a una guerra de divisas". Por ahora, el BCE se ha ganado una tregua hasta mañana con la evolución del euro. La moneda única cayó durante seis días seguidos hasta situarse por debajo los de 1,18 dólares, después de que el economista jefe Philip Lane saliera al paso diciendo que el tipo de cambio influye en la política monetaria y varios miembros del Consejo expresaran su preocupación en el Financial Times. Draghi lidió con el problema con sonadas intervenciones. "Por ahora creo que el BCE se quedará en palabras", anticipa Charles Diebel, administrador de fondos de Mediolanum International Funds, sobre la reunión de mañana. "Pero el nivel del euro es importante para las perspectivas de recuperación europea, por lo que, en última instancia, tendrán que tenerlo en cuenta y responder".

El euro ha desatado mayor presión al BCE para que amplíe sus medidas
Los movimientos del euro han abierto las especulaciones sobre los próximos pasos del BCE. Gilles Moec, economista jefe de Axa, apuesta por la posibilidad de que Lagarde vincule la evolución de la inflación al incremento del potencial de compra de deuda, actualmete situado en 1,35 billones de euros. Para Frederik Ducrozet, estratega de Pictet, las opciones de controlar el euro para por insinuar un recorte en los tipos.

El BCE ha sido de los grandes bancos centrales en evitar profundizar en la política de tipos negativos, actualmente está situados en el 0%, aunque en términos prácticos está en negativo al tener las tasas de depósito en el -0,5%.

Ningún economista espera tasas más bajas esta semana, pero los operadores del mercado monetario prevén un recorte de 10 puntos básicos en la tasa de depósito a -0,6% para septiembre del próximo año. Peter Chatwell, jefe de estrategia de activos múltiples de Mizuho International, espera que el movimiento se realice unos meses antes. "Para entonces, el euro habrá superado los 1,30 dólares y la pérdida de competitividad de las exportaciones y la dinámica desinflacionaria lo justificarán en ese momento", señala. Para entonces, quizás, la furia de Trump ya no sea una nueva amenaza para el BCE y su difícil equilibrio.

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