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03 de septiembre de 2019

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El Banco de España teme una mayor desaceleración económica

Los riesgos de la economía se orientan a la baja a pesar de la reciente elevación de la previsión de crecimiento. Hernández de Cos señala que España no está preparada para afrontar un deterioro rápido en Europa.

El temor de que el proceso de ralentización de la actividad económica se acelere en los próximos tiempos se extiende cada vez con mayor intensidad. Incluso el Banco de España, que recientemente revisó al alza su previsión de crecimiento para este año -lo mismo que lo hicieron los principales organismos internacionales- considera muy probable que la inflexión actual se acentúe en el futuro porque los riesgos se orientan claramente a la baja.

En su reciente intervención en la clausura de los cursos de La Granda (Asturias), el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, dibujó un panorama no muy positivo para la economía europea -el principal factor a la hora de marcar la evolución de la economía española- señalando al tiempo que precisamente España no se encuentra especialmente preparada para hacer frente a una situación que se deteriore más deprisa de lo previsto.

En este sentido, el Banco de España entiende que la desaceleración ya está aquí -en el primer trimestre el PIB aumentó un 0,7% y en el segundo lo hizo en un 0,5%-, pero lo más relevante es que los riesgos de que se acelere ese frenazo no hacen sino aumentar. Alemania está al borde de reconocer que está en recesión; Italia es posible que también lo haga y los efectos del Brexit sin acuerdo no acaban de poder concretarse, aunque se sabe que serán malos.

A todo ello hay que unir la guerra comercial entre China y EEUU, que además de afectarles a estos dos países empieza a dejar sentir sus efectos sobre el conjunto de la economía mundial a través del comercio internacional y los problemas de algunos países emergentes, como Argentina.

España ha basado su patrón de crecimiento tras la crisis en una creciente internacionalización de su actividad. No sólo porque sus ingresos por turismo han seguido aumentando a fuertes ritmos sino porque su actividad exportadora ha supuesto una parte creciente de generación del PIB, caminando a ritmos incluso más rápidos de lo que lo ha hecho la propia economía de Alemania que era un ejemplo a seguir. Un parón en el comercio mundial por el proteccionismo creciente de las grandes potencias tendrá un efecto relevante sobre la economía española. La evolución de las exportaciones así lo demuestra.

Es cierto que la demanda interna ha seguido tirando de la actividad, aunque a ritmo más lento y debido sobre todo al mayor gasto público porque el consumo privado ha mostrado una cierta ralentización. La caída en los índices de venta de automóviles y las menores transacciones de vivienda de los últimos tiempos parecen mostrar un cierto agotamiento de los particulares que han visto, además, como su tasa de ahorro se situaba en mínimos históricos.

Bloqueo político
La situación política, sin un gobierno constituido que pueda acometer las reformas necesarias y adoptar las medidas que se consideren oportunas, tampoco ayuda en esta coyuntura. El ritmo de creación de empleo, que ha sido uno de los vectores del crecimiento económico de los años pasados, se ha reducido en los últimos meses a pesar de que aún existe una elevada tasa de desempleo en la economía española.

En Europa se está promoviendo que los países con mejores condiciones fiscales lancen programas de expansión del gasto público que compense en parte la caída de la actividad privada. El problema es que en España apenas existe margen para hacerlo porque el déficit público sigue siendo importante y, sobre todo, el volumen de deuda pública, muy cerca del 100% del PIB, no aconseja precisamente hacer ese movimiento sino más bien lo contrario, con el objetivo de reducir el endeudamiento público lo más posible antes de que llegue un momento en el que los ingresos fiscales se resientan y aumenten los gastos derivados de una peor situación económica -prestaciones por desempleo, por ejemplo-. Sería el momento, lo venía siendo desde hace tiempo, de que se volviera a retomar la senda de las reformas estructurales pendientes, algo que se abandonó hace cinco años y que la coyuntura política ha hecho imposible recuperar. Hasta el momento, la economía española he tenido vientos de cola muy fuertes; bajada de los tipos de interés, política monetaria ultraexpansiva, euro barato, petróleo con precios asumibles, pero buena parte de ellos se han agotado o al menos ya no surten los mismos efectos que antaño. Aunque el BCE va a continuar impulsando el crecimiento, lo cierto es que las autoridades de supervisión españolas tienen que seguir preparando a los bancos para evitar problemas futuros si la economía se deteriora de manera más rápida. Hernández de Cos volvió a avisar sobre la posible implantación del colchón de capital anticíclico que obligaría a los bancos a reforzar su solvencia, y ello supondría un cierto freno a su actividad crediticia. Es lo que ya han hecho otros supervisores financieros nacionales.

En los primeros días del pasado mes junio, el Banco de España elevó en dos décimas su previsión de crecimiento económico, hasta el 2,4% para este ejercicio, después de que lo hicieran otros organismos nacionales e internacionales y buena parte de los servicios de estudios privados. La aceleración de la actividad que el Instituto Nacional de Estadística detectó en el primer trimestre del año hizo que se variaran las previsiones al alza por parte de la mayoría de los expertos. El propio Gobierno anunció en esos días que también lo haría cuando tuviera que presentar el cuadro macroeconómico a las autoridades europeas.

Expectativas
La ministra de Hacienda habló hace unos días de pasar del 2,2% contemplado hasta ahora al 2,3%. Pero las cifras provisionales del segundo trimestre, cuando según el INE el PIB mejoró en medio punto, han supuesto un cierto jarro de agua fría a las expectativas, y la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal dijo hace unos días que, según modelos, lo probable es que la variación del PIB en el segundo semestre se reduzca hasta el 0,4% trimestral, lo que haría que el crecimiento anual se situara muy cerca del 2%, claramente por debajo no sólo de las últimas previsiones sino incluso de las iniciales.

Lo mismo que empresas y bancos han peleado por mostrar sus cifras trimestralmente tratando de demostrar que cada periodo era mejor que el anterior, parece haberse extendido una cierta carrera entre los institutos de previsión por ajustar temporalmente sus cálculos para ser los primeros en dar sus cifras.

El problema es que en muchas ocasiones éstas se elaboran con pocos indicadores o con magnitudes atrasadas que pueden no medir de manera exacta lo que está ocurriendo en realidad y que no indican con claridad la tendencia real de la actividad económica.

En tiempos de bonanza no hay problema porque casi cada trimestre lo que se perciben son buenas noticias -se espera que el PIB crezca más de lo previsto- pero si las cosas cambian, y parece que lo están haciendo, las lanzas se transforman en cañas y entonces hay que reconocer que se ha iniciado la cuesta abajo.

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