sábado, 21 de septiembre de 2019

Noticias

Buscar

Restaurar

31 de enero de 2018

El Economista

Las cinco fuerzas deflacionistas que sabotean la curva de Phillips

Los bajos salarios no son la única explicación de que no haya inflación

La teoría de la curva Phillips relacionó de forma directa el desempleo con la inflación a mitad del siglo pasado, a través de los salarios. Pero siete décadas después y la mayor crisis desde la Gran Depresión ha cambiado la economía de tal forma que los bancos centrales están desconcertados de por qué la recuperación no se está trasladando a los precios. La respuesta fácil es que los sueldos no suben al mismo ritmo que avanza la economía. Sin embargo, hay otros factores deflacionistas que no se suelen tener en cuenta en el análisis. l La combinación que turba a Occidente: bajo desempleo, salarios dormidos y el misterio de la inflación


La curva de Phillips está más de moda que nunca cuando la inflación se ha convertido en la gran protagonista de la economía, pero por su ausencia. La teoría que desarrolló el economista neozelandés William Phillips está siendo recuperada para intentar explicar por qué los precios no suben en Europa y EEUU a pesar de la fuerte expansión económica. Curiosamente, el "paro estructural", concepto creado por Milton Friedman para criticar las tesis keynesianas basadas en la curva de Phillips devuelve a la vieja teoría su vigencia.

La ratio NAIRU (Non Acelerating Inflation Rate of Unemployment), que es el principio que utilizó Friedman del paro estructural, sirve para identificar en que momento un descenso de paro por encima de un punto de equilibrio acelera la inflación. Este nivel crítico de desempleo debería indicar la evolución negativa o positiva de los precios.

El punto de equilibrio del paro

Como referencia práctica, la NAIRU de EEUU se situaba entre el 4% y el 5% con lo que los actuales datos, la inflación ya se debería haber situado cerca del objetivo de la Reserva Federal. Sin embargo, no está siendo así, ni tampoco en Europa. La respuesta sencilla está en que los salarios no están sirviendo de correa de transmisión entre la mejora del empleo con las presiones inflacionistas, simplemente porque no están subiendo o no lo hacen al mismo ritmo en el que baja el paro y crece la ocupación.

¿Y por qué no está sucediendo? Según los expertos económicos del departamento de análisis de Bankinter, el punto de equilibrio del paro a partir del cual ascienden los precios es inferior al de hace diez y quince años. Principalmente sucede este fenómeno porque los nuevos empleos que se han creado post-crisis no tienen las mismas condiciones que los puestos de trabajo que se han destruido. La subida de salarios es la principal palanca para subir los precios, pero no es el único factor que influye en las fuerzas deflacionistas.

El alto endeudamiento de las economías ha obligado a los países a acometer duros procesos de despalancamiento para reducir y pagar la deuda, que también ha afectado a empresas y familias. Todas las economías avanzadas llegaron a 2008, estallido de la crisis financiera, con el nivel de deuda más elevado desde la II Guerra Mundial. Esta circunstancia afecta a la demanda interna de una economía, especialmente al consumo. Los agentes económicos destinan los recursos existentes a reducir deuda en lugar de aumentar el gasto o la inversión. A ello hay que añadir, las políticas monetarias de los bancos centrales ultralaxas. Los miles de millones destinadas a estímulos económicos y los tipos cero casi han convertido al dinero en un activo casi ilimitado.

Otra de las razones es el envejecimiento. El aumento de población incide directamente en el crecimiento del PIB. Antes de la crisis, los países emergentes basaron su modelo en una expansión demográfica que fue acompañada de una mejora de las condiciones de vida. La inflación recibe estas dos presiones. Actualmente, las principales potencias económicas registran tasas de fecundidad por debajo de 2,2 hijos por mujer, el nivel que garantiza el relevo generacional de un país. Con las pirámides de población invertidas, el crecimiento demográfico como fuerza inflacionista está desaparecido para décadas.

Globalización y tecnología

La globalización ha abierto a nivel mundial la competencia entre empresas. El mundo se ha convertido en prácticamente en un único mercado para muchos productos y servicios, con lo que las compañías no solo enfrentan en calidad o prestaciones, también en precio. La competencia abre el mercado y favorece al consumidor con bienes y servicios más asequibles, que supone una presión deflacionista para los precios. Y no solo en venta, también en costes de producción.

Muy ligado a la globalización se sitúa la revolución tecnológica. Los avances técnicos siempre han provocado profundos cambios estructurales en las economías con mejoras en los sistemas productivos y condiciones de vida. Pero los ciclos tecnológicos se han acelerado en los últimos tiempos, ya no hay que esperar un siglo o medio siglo como sucedió con el vapor o el petróleo. En menos de cinco años, los avances provocan impactos disruptivos que abaratan los costes y precios de los productos.

Estas cinco razones desconectan la mejora del empleo de los precios. Varias de las fuerzas deflacionistas han llegado para quedarse durante mucho tiempo y será difícil verlas compensadas.

Volver Subir

Otros proyectos de CEPREDE

Diseño Web: Banner Publicidad