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29 de marzo de 2017

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Brexit: Reino Unido pide el divorcio a Europa y abre un periodo de incertidumbre económica

La primera ministra británica Theresa May protagonizará hoy uno de los acontecimientos más relevantes de la historia europea desde la época de posguerra, al pedir oficialmente la salida de Reino Unido fuera de la Unión Europea, proceso conocido como Brexit. May pondrá fin a una compleja relación de más de cuarenta años de historia que, a pesar de sus tiras y aflojas, ha dado como resultado una de las épocas más prósperas y pacíficas de la historia europea.

Un referéndum celebrado el 23 de junio de 2016, y que los partidarios del Brexit ganaron por una ventaja mínima, abrió la puerta a este separación, para la que ni Europa ni Reino Unido estaban prepadados.

Reino Unido inicia de esta forma un incierto camino que, según los defensores del Brexit, le llevará a recuperar el poder que los burócratas de Bruselas habían acaparado durante décadas y a convertirse en una gran potencia con nuevos aliados, más allá de los europeos.

Sus detractores, sin embargo, perciben riesgos económicos, sociales y políticos que pueden acabar convirtiendo al Reino Unido en una "pequeña Inglaterra", ante la posible separación de Escocia e Irlanda del Norte. El Parlamento escocés aprobó ayer el primer trámite para volver a celebrar un segundo referéndum de independencia y la primera ministra de la región, Nicola Sturgeon, está decidida a organizarlo antes de que finalicen las negociaciones sobre el Brexit.

Las implicaciones económicas tanto para Reino Unido como para la UE son difíciles de calcular, pero hasta los más optimistas reconocen que las posibilidades de que ambas partes salgan perjudicadas son altas. Como aseguró un reciente informe de la Cámara de los Comunes, el Brexit puede llevar a "la destrucción mutua asegurada" si no hay un pacto amistoso de separación, utilizando la misma expresión que se usó para definir el efecto que tendría apretar un botón nuclear en la época de la Guerra Fría.

De momento, Bruselas y Londres se enzarzarán en dos años de duras negociaciones, en los que habrá que determinar el marco de los futuros intercambios de bienes, servicios, capital y personas entre ambas partes, que ahora se realizan libremente. Además, habrá que fijar las condiciones económicas del divorcio (la UE cree que Londres debe pagar 60.000 millones antes de irse por compromisos que tiene asumidos) y el estatus de los expatriados.

La mayor parte de los bancos de inversión son poco optimistas con el futuro de Reino Unido fuera de la UE. Los analistas de Bank of America Merrill Lynch esperan unas discusiones desequilibradas, con menos poder de negociación en Londres, ya que un 45% de sus exportaciones tienen Europa como destino. En las estimaciones de Merrill, las exportaciones totales de Reino Unido podrían bajar un 25% en caso de ese "Brexit muy duro". En el caso de la UE, su caída de ventas al mercado británico (un 8% de sus ventas al exterior) sería más fácilmente compensada en otros países.

Los analistas de JPMorgan indican que en este escenario, la libra podría sufrir una caída adicional de entre el 10 y el 15%.

España

España sería uno de los países más afectados por la decisión británica, debido a los estrechos lazos comerciales e históricos que existen entre ambos países. Los grandes grupos españoles poseen filiales valoradas en 60.000 millones de euros en Reino Unido. Los más expuestos son bancos como Santander y Sabadell; junto a Telefónica, Ferrovial, Iberdrola e IAG (hólding de BA e Iberia). La depreciación de la libra en un 20% desde el referéndum del 23 de junio en que los británicos votaron por el Brexit ya está afectando el valor en euros de esas filiales y a los dividendos que esas filiales envían a sus cabeceras.

El impacto en la relación comercial también puede ser importante. Entre enero y noviembre de 2016, España logró un superávit de 7.800 millones de euros por las exportaciones a Reino Unido, principalmente de automóviles y componentes de automoción. Si tras el Brexit aparecen tarifas o aranceles a esos intercambios, las ventas españolas en suelo británico podrían resentirse.

El tercer flanco débil es el turismo. El descenso de la libra, el frenazo económico en Reino Unido y la potencial necesidad futura de visados para viajar a la UE hace temer a algunos analistas por una menor llegada de turistas británicos a España. BBVA estima que el Brexit podría restar un 0,4% al PIB español en 2017.

Otro factor clave en la relación entre ambos países es el gran contingente de británicos que residen en España (principalmente pensionistas), y el creciente número de españoles que buscan trabajo en Reino Unido. Una de las primeras cuestiones en la negociación del Brexit será determinar si se mantienen los derechos actuales de esas personas o se restringen.

Consenso

Si en algo hay consenso, sin embargo, es en pensar que la activación del artículo 50 del Tratado de Lisboa no tendrá marcha atrás, a pesar de que la legislación europea permitiría a los británicos repensar la medida y, finalmente, quedarse en el club europeo.

Por paradojas del destino, un veterano diplomático británico, Lord Kerr, fue el autor de este breve artículo que hoy permitirá a sus compatriotas dejar la UE. "No me siento culpable", explicaba hace unos días en una entrevista. Pero "cuando redacté el artículo 50 nunca pensé que Reino Unido sería quien lo utilizara". Kerr asegura que el artículo se hizo con la idea de que fuera revocable, pero tanto el Gobierno británico como la Comisión Europea han indicado que una vez que el divorcio esté firmado, es irrevocable.

Solo hay un precedente de un país que decidió dejar la UE. Se trata de Groenlandia, que en los ochenta decidió desmarcarse. Sin embargo, su discreta salida poco tiene que ver ahora con la tumultuosa marcha de Reino Unido, cuya decisión puede poner en jaque el futuro de la propia Unión Europea.

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