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22 de abril de 2016

El País

Draghi carga con dureza contra las presiones del Gobierno alemán al BCE

El consejo del Eurobanco cerró filas con su presidente. Se declaró por unanimidad a favor de la política adoptada

Mario Draghi, presidente del banco central Europeo (BCE) salvó el euro con un magistral farol: aquél “haré todo lo necesario” que pronunció a mediados de 2012. Barrió tabúes con las compras de deuda multimillonarias. Y este jueves rompió un nuevo techo de cristal: el jefe del BCE embistió contra las críticas del Gobierno alemán a las medidas extraordinarias del Eurobanco. El enfrentamiento entre Fráncfort y Berlín puede tener consecuencias: “Si se cuestiona la credibilidad del banco central, las medidas tardarán más en ser efectivas y al final habrá que hacer una expansión mayor”. Draghi, en fin, pidió más política fiscal y advirtió que si hay lío en los mercados usará todo el arsenal disponible. El BCE es el símbolo supremo de la naturaleza inacabada de la Unión Económica y Monetaria: un único organismo monetario que se enfrenta al contrapeso político de 18 países diferentes. Las críticas le habían llegado hasta ahora de Francia, Italia y los países del Sur: en sus primeros años, el BCE fue el más conservador y timorato de todos los bancos centrales. La interminable crisis del euro y los riesgos de deflación han cambiado su naturaleza: el BCE ha llegado tarde, pero ha tomado ya las mismas medidas extraordinarias que el resto de grandes bancos centrales del mundo. Alemania lleva meses criticándole por eso. El ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, ha llegado a acusar a Draghi del ascenso de la extrema derecha. El italiano se plantó y, visiblemente irritado, hizo una encendida defensa de la independencia del BCE. Aseguró que ha tomado las medidas adecuadas. Y advirtió a Schäuble de que el tono de sus críticas — “poco educado”— puede provocar el efecto contrario al que persigue Berlín: una nueva ronda de expansión monetaria.


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El consejo del Eurobanco cerró filas con su presidente. Se declaró por unanimidad a favor de la política adoptada. Con ese aval, Draghi se soltó el pelo y lanzó hasta media docena de aguijones destinados a Berlín. El presidente sale reforzado de ese envite, al menos internamente, y ante la prensa reiteró que si la condiciones financieras se endurecen —en plata: si hay jaleo en los mercados— el BCE está “listo para actuar”. Como aperitivo, en junio activará, tal como estaba previsto, la primera de las nuevas barras libres de liquidez a la banca, y ampliará el programa de compras de activos a los bonos corporativos.

El abracadabra contra Alemania fue revelador, y contó con varias cargas de profundidad. Uno: Draghi explicó que la política monetaria “ha sido la única política económica en la eurozona que ha apoyado la recuperación en los últimos cuatro años”, y vino a decir que si algún país quiere menos activismo en Fráncfort es imprescindible que se activen otras políticas. El jefe del BCE pidió reformas y, sobre todo, “inversión en infraestructuras” hasta en tres ocasiones a lo largo de su comparecencia. Apuntó que la política fiscal del euro ya es “ligeramente expansiva”, pero clamó por hacer más “a nivel europeo y a nivel nacional”. Segunda carga contra Alemania: si hay un Gobierno que tenga margen para gastar, ese es el que lidera Angela Merkel.

Pero hubo más. Preguntado por la prensa alemana por la sangría para el ahorrador que suponen los tipos de interés negativos, Draghi no se anduvo por las ramas. “El efecto de los tipos negativos es por ahora favorable: han contribuido a la mejora de las condiciones financieras y de crédito, y de momento no se dejan notar sobre los beneficios de la industria financiera”, dijo. El BCE, en fin, no descarta rebajar aún más los tipos si las condiciones empeoran, como no descarta ampliar aún más el programa de compra de activos. “La recuperación de la eurozona sigue siendo moderada, pero los riesgos geopolíticos y procedentes de una desaceleración en el Sureste asiático están ahí”.

Irritación

Habitualmente diplomático, florentino y capaz de moverse como pez en el agua en el terreno de la ambigüedad, Draghi no rehuyó esta vez el cuerpo a cuerpo en prácticamente ningún asunto. La indignación es evidente en todo el consejo de gobierno: hasta el Bundesbank alemán ha tenido que salir a defender la independencia del BCE.

Draghi traía preparadas sus respuestas, y usó un tono incisivo y cortante poco habitual: “El BCE tiene un mandato: la estabilidad de precios. Esa es la ley. Y ese mandato vale para toda la eurozona, no solo para Alemania. El BCE obedece esa ley, no a ningún político. Somos independientes”, espetó. “La política monetaria del BCE no es muy distinta de la del resto de bancos centrales. Funciona, es efectiva. Tendrían que darnos tiempo para que se vean todos sus efectos, pero sería bueno que en Europa hubiera también otras políticas, reformas e inversión pública”, cerró.

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