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07 de marzo de 2016

Expansion.com

Draghi interviene un año después de lanzar el QE

Tras inyectar 720.000 millones de euros a través del 'QE', el BCE sigue batallando por avivar la inflación y reanimar la economía de la eurozona.

"No existe lugar para la complacencia", señalaba el presidente del BCE, Mario Draghi, hace hoy justo un año. Acababa de anunciar los detalles con los que se ponía en marcha un histórico plan de compra de activos (conocido en el mercado como QE) con el que pretendía combatir las presiones deflacionistas y revitalizar la economía europea.

Desde entonces, el BCE ha inyectado en el sistema unos 720.000 millones de euros, a un ritmo de compras de alrededor de 60.000 millones al mes. Se trata de una cifra que triplica el PIB de países de la región como Irlanda o Portugal y que supera con creces el valor actual de la Bolsa española en su conjunto.

Y tras poner en circulación esa ingente cantidad de dinero, el QE cumple su primer año de vida con, al menos, tantos desafíos por delante como logros a sus espaldas. La mayoría de los expertos espera que en la reunión que el BCE celebra el próximo jueves se acuerde una revisión del programa para intensificar su potencial.

Y es que si el principal objetivo del QE era combatir la inercia bajista de los precios, el programa tiene aún por delante una ardua tarea. La inflación en la eurozona ha vuelto a entrar en febrero en territorio negativo, registrando su menor nivel en un año. Y las pronósticos de inflación a largo plazo se mueven hoy en las cotas más bajas desde la creación del euro, arrastrados por el hundimiento de las materias primas y la atonía de la economía global.

Impacto

Con todo, "el hecho de que la inflación y sus perspectivas hayan bajado, al mismo tiempo que los datos macro han mejorado menos de lo esperado, no resta valor al QE como instrumento monetario al límite", considera José Luis Martínez, estratega de Citi.

Porque, además, el BCE puede apuntarse algunos logros en su haber a través de su programa de compra de deuda. Hasta el punto de que Draghi señalaba recientemente que la mitad del crecimiento en Europa era resultado de las políticas monetarias. El euro y el crédito serían las principales palancas a través de las que el QEhabría apoyado a la economía de la región.

Es llamativo, sin embargo, que cuando el BCE activó las compras de deuda, el 9 de marzo de 2015, el euro se movía en los 1,08 dólares, frente a los 1,10 dólares que marcaba ayer. Desde esta perspectiva, el programa habría resultado ineficaz en la tarea -deseada, aunque no buscada de forma explícita- de depreciar el euro, lo que contribuiría a elevar la inflación, al encarecer las importaciones, y facilitaría la competitividad exterior de las empresas europeas.

Pero como observa Rosa Duce, economista jefe de Deutsche Bank, "el euro ya había caído mucho en los meses previos por la convicción de que el BCE aprobaría un QE. Y si luego no se han cumplido los pronósticos de paridad entre el euro y el dólar ha sido más por un cambio en las expectativas de subidas de tipos en EEUU que por ineficacia de la acción del BCE". En efecto, desde que Draghi adelantó en diciembre de 2014 que pondría en marcha nuevos estímulos, abriendo la puerta a la compra de deuda, y hasta el inicio del QE, el euro se depreció un 12% frente a la divisa de EEUU.

Y en el terreno del crédito los resultados ofrecen menos dudas. "Hemos visto una mejora: tipos a la baja y mayor disposición de crédito al sector privado desde la banca y desde el mercado de capitales", asevera Martínez.

Como explican en Bank of America, al deprimir las tasas de interés de la deuda pública -situando casi la mitad de los bonos soberanos en territorio negativo-, el BCE ha generado incentivos para que la banca asuma más riesgos con la concesión de créditos. Y, además, en su caída, la rentabilidad de la deuda pública ha arrastrado la de los bonos corporativos, reduciendo el coste de financiarse en el mercado.

Efectos sin duda positivos, pero que sirven más para especular sobre cómo peor sería la situación sin el QE que para celebrar su éxito. Como dijo Draghi, no vale caer en la complecencia: con la inflación deprimida y la recuperación económica bajo amenaza, al BCE le queda una larga travesía para llevar a Europa a puerto seguro.


Un programa en revisión

Desde su nacimiento, el QE del BCE ha sufrido variaciones. La más destacada se produjo en diciembre, cuando se extendió su duración hasta marzo de 2017, seis meses más de lo previsto inicialmente. Al ritmo actual, el QE supondría la inyección en el sistema de 1,4 billones de euros. Pero los expertos creen que el BCE volverá a modificar su duración y, previsiblemente, su tamaño. Estefanía Ponte, directora de Análisis de BNP Paribas PI, augura que además de rebajar el tipo de la facilidad de depósitos (que marca el límite de rentabilidad de los bonos que el BCE puede comprar) hasta el -0,4%, se ampliarán los activos a comprar, y se elevarán las compras mensuales hasta los 70.000 millones. "Y no descartamos amplíe el programa hasta junio de 2017".

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