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13 de octubre de 2014

Cinco Días

La UE busca 300.000 millones para evitar la tercera recesión

Regreso al punto de crisis

Italia ya está en recesión; Alemania, a punto de caer en ella; Francia, estancada... Las tres principales economías de la zona euro regresan a un punto de la crisis que parecía superado y podrían arrastrar con ellas al resto de socios. La caída arruinaría los esfuerzos realizados por España, que tras muchos meses de recesión, ha logrado ponerse a la cabeza de la zona euro en términos de crecimiento y confiaba en consolidar la recuperación en 2015. El panorama ahora se ha ensombrecido y el nerviosismo es evidente entre las autoridades económicas españolas y europeas.

Hoy se reunirá en Luxemburgo un grupo de trabajo, formado por la Comisión Europea y el Banco Europeo de Inversiones, encargado de identificar los proyectos hacia los que se debería canalizar de manera urgente la financiación pública y privada necesaria para llevarlos a cabo.

Mañana, el consejo de ministros de Economía de la UE (Ecofin) analizará esas propuestas, con vistas a llegar a alguna conclusión antes de fin de año. Pero el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, ya ha lanzado varias andanadas preventivas para dejar claro que a Berlín no le entusiasma esa vía. “Firmar cheques no ayudará a Europa”, señaló el viernes.

La nueva Comisión Europea se conformaría con un “cheque” de solo 300.000 millones de euros, entre recursos públicos y privados, para estimular el crecimiento durante 2015 y 2016. Una gota de agua para un club con un PIB de 12 billones de euros y que, según la Comisión, debería invertir dos billones de euros hasta 2020 para modernizar sus infraestructuras de transporte, energía y banda ancha. Pero el futuro presidente, Jean-Claude Juncker, ni siquiera sabe todavía si podrá llegar a movilizar esa pequeña cantidad.
El equipo de Juncker ya está explorando varias posibilidades, desde una utilización más inteligente de los fondos estructurales y de los préstamos del BEI a la titulización de ciertas inversiones con avales públicos a nivel europeo o nacional. Pero hasta ahora, todas esas cajas parecen estar bajo siete llaves y todas ellas en Berlín.

Alemania ya ha descartado utilizar los recursos el Mecanismo Europeo de Estabilidad, el fondo de rescate de la zona euro con una capacidad disponible de casi 450.000 millones de euros. Fuentes comunitarias aseguran que la posibilidad de utilizar el MEDE para avalar ciertas operaciones a través del Banco Europeo de Inversiones ni siquiera ha llegado a plantearse oficialmente. Pero Alemania, por si acaso, ya ha cegado esa vía de financiación.

Más transitable parece la vía del BEI, el banco público de la UE que hasta ahora se ha resistido a embarcarse en operaciones de riesgo para no perder su calificación crediticia de triple A.

En 2012, los países de la UE inyectaron en el banco 10.000 millones de euros para que pudiera mantener su ritmo de préstamos sin poner en peligro su preciada calificación. Pero el BEI parece lejos todavía de poder repetir su marca de 79.000 millones de euros en préstamos, lograda en 2009. El año pasado se quedó en 71.000 millones.

Una nueva ampliación del capital del BEI permitiría impulsar su cartera como catalizador de una inversión. Y no se descarta que los ministros de Economía obliguen al Banco a asumir más riesgos que hasta ahora.

El tercer canal para financiar el plan de Juncker apunta hacia el presupuesto de la UE. Pero los fondos para 2014-2020 se previeron tan ajustados (por imposición de Berlín y Londres) que no solo no disponen de margen sino que incluso podrían quedarse cortos.
Este año, a Bruselas ya le faltan 4.700 millones de euros y en 2015 la situación podría agravarse, según la desesperada queja que el presidente saliente de la Comisión, José Manuel Barroso, envió a principios de mes a las capitales.

Queda por último la vía del capital privado, que entre 2006 y 2009 (justo antes de la crisis de deuda) invertía el doble en infraestructuras que el sector público. El pasado viernes, la CE relajó las normas sobre banca, fondos de inversión y aseguradoras para facilitar a esas entidades la inversión a largo plazo. Todo con tal de llegar a esa cifra mágica de los 300.000 millones que podrían librar a Europa de otra recesión.

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