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01 de marzo de 2013

Expansion.com

Los costes laborales españoles, los que más bajan de la UE

España sigue sumida en una profunda recesión, con la inversión y la demanda internas en caída libre y unos niveles récord de paro que retroalimentan el deterioro económico

Los últimos datos del INE sobre Contabilidad Nacional, publicados ayer, revelan que el coste laboral unitario se redujo un 5,8% en tasa interanual en el último trimestre del año pasado, acelerando una tendencia que encadena numerosos trimestres consecutivos a la baja y que ha permitido a las empresas aligerar cargas, reducir el impacto de los salarios sobre su rentabilidad y mejorar la posición competitiva relativa de la economía española respecto a sus rivales internacionales.

De hecho, los costes laborales unitarios no han dejado de decrecer en España en los últimos dos años, si bien la tendencia se hizo más acusada a partir de 2012, año en el que el Gobierno de Rajoy aprobó su reforma laboral, que ha abaratado los costes del despido, ha introducido mayor flexibilidad en los convenios y en la negociación colectiva y que, junto a los efectos de la propia crisis, ha supuesto una gradual moderación de los salarios de los trabajadores.

Y es que según los datos del INE, la remuneración de los asalariados a precios corrientes cayó un 8,5% en el último trimestre de 2012, frente al 1,3% que disminuyeron en el mismo periodo de 2011.

Caen en España, crecen en Europa
El resultado de este proceso de devaluación interna es que España se ha situado a la cabeza de la Unión Europea en la reducción de sus costes laborales. Los datos de Eurostat son elocuentes: mientras que los costes laborales unitarios nominales han aumentado 4,8 puntos en la UE-27 (sobre una base 100) en los dos últimos años (tercer trimestre de 2012 respecto al mismo periodo de 2010) y 3,1 puntos en los países de la zona euro, la economía española ha seguido una tendencia inversa, reduciendo sus costes en 5,1 puntos.

En Francia, Alemania e Italia, los costes laborales unitarios han crecido por encima de los 4 puntos en los últimos dos años.
De hecho, en la Europa del euro, sólo Portugal e Irlanda (amén de España y a falta de datos recientes sobre Grecia) han reducido sus costes laborales unitarios, aunque más tímidamente que la economía española. En Francia, dicha variable ha crecido 4,2 puntos; en Alemania lo ha hecho en 4,5 puntos, y en Italia, hoy en el ojo del huracán por su crisis política, ha aumentado en 4 puntos.

Para España, que sus costes laborales disminuyan a tasas significativas mientras los de sus socios comerciales europeos aumentan es sin duda una buena noticia, ya que hace más competitivo nuestro tejido productivo y contribuye a espolear las exportaciones, junto al turismo, prácticamente los únicos motores de impulso de la maltrecha economía española en los últimos años.

BBVA Research, por ejemplo, evaluaba ya hace unos meses en más de un 10% el incremento de productividad por empleado en España desde 2008, "el mayor crecimiento entre los países de la zona euro", gracias a que la productividad ha crecido más que los salarios.

Lo cierto es que los costes laborales unitarios en España son hoy 4,4 puntos inferiores a los de la UE-27 y se sitúan más de cinco puntos por debajo de la media de eurozona... Aunque habrá que ver si eso es suficiente para que España se convierta en la próxima Alemania, como vaticinaba Morgan Stanley hace un par de semanas.

Los expertos advierten de que la ganancia de competitividad ha sido fruto de la destrucción de empleo y de la moderación salarial y no tanto de las mejoras de eficiencia en los procesos productivos.
Destrucción de empleo y moderación salarial
Pese a que nadie puede negar que la economía española es hoy más competitiva que hace unos años (de hecho, es una realidad admitida por los agentes económicos internacionales), no es oro todo lo que reluce.

Los expertos advierten de que esa ganancia relativa de competitividad en España ha sido fruto, en gran parte, de la destrucción masiva de empleo (tres millones de puestos de trabajo han desaparecido desde 2007) y de la moderación de los salarios impuesta por la crisis, y no tanto de las mejoras de la eficiencia en los procesos productivos, o del incremento del valor añadido, como hubiera sido lo deseable.

En cualquier caso, la mejora existe, así como la esperanza de que el incremento de la competitividad de los bienes y servicios españoles se traduzca en un gradual aumento de las exportaciones que obligue a producir más para exportar y, en consecuencia, propicie un alza de los niveles de inversión y de contratación para atender esa creciente demanda externa.

Pero esa es la teoría, ahora hay que hacerla realidad y empezar así a recomponer una realidad económica y social que arroja cifras dramáticas: cerca de 6 millones de parados (más del 26% de la población activa), cifra que va in crescendo y que ahonda en la fuerte depresión del consumo.

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