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27 de febrero de 2012

Cinco Días

La caída del crédito se concentra en la construcción y en bienes de consumo

Los préstamos concedidos por la banca nacional a las empresas descienden un 12%

Los dos motores del crecimiento económico por la vía de la demanda son el consumo y la inversión, y sus movimientos dependen de la evolución de la renta disponible el primero y de la concesión de crédito el segundo. La crisis financiera que estalló en 2007 ha reducido mucho la capacidad de consumo de los particulares, muy castigada por el desempleo en España, y ha intensificado la contracción de crédito a medida que las exigencias de provisiones y capital crecían.

Este fenómeno podría intensificarse aún más con las nuevas exigencias impuestas por el Gobierno, que solo se compensarían con una mayor disponibilidad de liquidez a largo plazo, y un cambio, en todo caso en el medio plazo, en las expectativas de los agentes privados.

En los tres últimos años (2009, 2010 y 2011) el crédito total concedido a los sectores residentes ha aumentado un 8%, hasta los 2,86 billones de euros, un 270% del PIB, la tasa más alta de la historia registral del Banco de España. Pero esta cantidad, que da una idea del volumen de la cartera crediticia, no tiene reflejo en la actividad privada, puesto que únicamente ha aumentado la cartera de empréstitos a las Administraciones públicas. En concreto, se ha elevado en un 93% (casi duplicado), y llega a los 736.250 millones de euros. Pero para la actividad productiva de la economía el crédito ha descendido un 4,33% (hasta 1,78 billones, con un ajuste de solo 81.000 millones), y lo ha hecho de manera regular durante los tres ejercicios últimos. Los préstamos vivos a los hogares han descendido un 4,36% (39.772 millones, hasta los 871.510) y a las empresas no financieras un 3,58% (46.800 millones, hasta los 1,26 billones).

Sin embargo, aunque en el agregado las empresas salen mejor paradas, el crédito tomado de entidades residentes (banca española o extranjera radicada aquí) desciende en un 11,8%, nada menos que 112.521 millones de euros, que solo se ha compensado en parte con un aumento del crédito logrado fuera: sube el 13%, y supone 354.287 millones de euros.

La mayor contracción en la actividad productiva se produce en la construcción, con un descenso de casi el 33% (ahora solo 102.000 millones), como consecuencia del parón en las obras públicas y de la parálisis en la edificación residencial.

El crédito a la industria también desciende casi un 7% en los tres años analizados, y se queda en 145.500 millones. Para desarrollar actividades en los servicios inmobiliarios, la cartera viva cae un 4,5%, hasta 303.500 millones; pero en el agregado de todo el sector servicios, con 680.000 millones de cartera, el volumen de deuda se mantiene estable durante la crisis.

Por lo que se refiere a los hogares, la cantidad viva de crédito para la adquisición de vivienda se mantiene estable en los tres últimos años, en los 625.000 millones de euros. El gran castigo en la concesión de préstamos a los hogares se produce en la modalidad de bienes de consumo duradero (automóvil, electrodomésticos o equipamiento), con un descenso de casi el 29%, al pasar de 54.170 millones de euros a 38.470.

Pese a que la construcción es la gran víctima de la contracción del crédito en este proceso de desapalancamiento, todas las actividades relacionadas con el negocio inmobiliario (promoción, construcción, venta, adquisición de casas, etc.) absorben todavía ahora el 59,34% del crédito vivo concedido a sectores residentes, lo que significa que existe una gran resistencia a reducir el peso relativo de estas actividades en las certeras de crédito de la banca española. Esta partida ha descendido un 5,6%, pero la destinada a las actividades productivas lo ha hecho en mayor intensidad: un 6,47%.

Desapalancamiento hasta 2017
La prueba más evidente de la lentitud del desapalancamiento inmobiliario es que aún el 59,3% del crédito vivo se haya concedido para actividades de ese sector. Pero una participación tan elevada demuestra también la resistencia de la demanda para girar a otro modelo productivo.

Sobre el tiempo necesario para devolver la economía española a las condiciones de neutralidad que permitan reactivar el crédito, un informe de los servicios de estudios de La Caixa asegura que puede prolongarse hasta 2017. Para el caso español el proceso es más prolongado de lo tradicional porque a un ciclo muy agresivo de endeudamiento provocado por una burbuja en la vivienda, sigue una crisis inmobiliaria y una crisis bancaria. Tras trece años de endeudamiento hay uno de crisis económica (podrían ser dos o tres), tres de recuperación económica con caída de la financiación, y cinco de crecimiento económico y recuperación del crédito. Pero en estos últimos los préstamos avanzarían a tasas inferiores al PIB nominal, lo que provoca que su ratio sobre producción seguiría descendiendo. Con tal perfil, en España el proceso se prolongaría hasta 2017.

En los desapalancamientos tradicionales ligados a crisis inmobiliarias, el descenso del crédito es de 22 puntos porcentuales de PIB, y duran unos seis años. En el caso de España, si la crisis fuese solo de esa naturaleza, el desapalancamiento concluiría en 2014, con una ratio del 149% de deuda sobre PIB. Pero como en el caso español concurre una crisis bancaria provocada por la inmobiliaria, el desapalancamiento sería de 32 puntos, hasta el 141% del PIB, y necesitaría al menos siete años, pero no haría inflexión hacia la curva de deuda a largo plazo hasta 2017.

Dado que no son posibles devaluaciones, el desapalancamiento real solo puede acelerarse con un fuerte crecimiento del PIB, que está en manos de reformas estructurales agresivas, según aseguran Jordi Gual, Orial Aspachs-Brasons y Sandra Jódar-Rosell, autores del informe.

Sube el sector público
l Los préstamos al sector público administrativo han avanzado cada uno de los tres últimos años como consecuencia de las necesidades financieras, crecientes ante la caída de ingresos tributarios. Así, el avance acumulado es del 93%, con un crecimiento muy acelerado en 2009.


l Las empresas han tenido que recurrir de forma habitual a buscar préstamos en el exterior debido a las dificultades para lograrlos en el país. Ahora, las empresas tienen 841.174 millones de entidades residentes y 354.287 del exterior.

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