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17 de febrero de 2011

Cinco Días

Los trabajadores cargan con el grueso del ajuste interno de la crisis

El ajuste de la economía española para dejar atrás la crisis se está centrando en los trabajadores.

A la pérdida de dos millones de empleos se suma ahora una caída en la remuneración media del 0,4% en 2010, para dibujar un descenso total del 2,3% en los costes laborales unitarios. La demanda mejora ligeramente, impulsada por el sector exterior El Instituto Nacional de Estadística ratificó ayer la caída media del 0,1% en el PIB durante el año pasado y la suave aceleración de la actividad en el cuarto trimestre. El tirón provino de una aportación más positiva del sector exterior, debida, según destacó el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, a la mejoría del comercio global y al impacto del proceso de ajuste interno sobre la competitividad.

Campa se refería a la contención de costes laborales unitarios, que en el cuarto trimestre descendieron un 2,3% en tasa interanual, facilitando así las ventas en los mercados exteriores. El reparto del PIB revela una continuada pérdida de terreno de los salarios, debida a la destrucción de empleo y la práctica congelación nominal de las remuneraciones, en favor sobre todo de la partida de los impuestos.

Desde 2007 se han quedado en el camino dos millones de puestos de trabajo (238.000, solo el año pasado). A esta sangría laboral hay que sumar los ajustes de sueldos: la remuneración media cayó cuatro décimas en el último trimestre, lo que, unido a la pérdida de empleos, llevó a una reducción del 1,7% en la remuneración global. Si en los dos primeros años de la crisis el ajuste interno lo pagaron los trabajadores por la vía de la destrucción de puestos de trabajo, en los últimos trimestres lo hacen en forma de menores salarios.

Así las cosas, la participación de las rentas salariales sobre la tarta del PIB se ha rebajado en 1,1 puntos, para limitarse al 47,89% el año pasado. Ese panorama laboral y salarial ha repercutido negativamente en el consumo y la inversión de las familias, provocando una espiral de pérdida de ingresos para el Estado que solo ha sabido subsanar endureciendo la tributación: subida del IVA, supresión de deducciones, más impuestos al tabaco. De esa forma, los impuestos netos se han disparado un 20% en el último año y acaparan el 8,67% de la riqueza nacional, un punto y medio más que en 2009.

Se mantienen los beneficios

Mejor paradas salen las empresas en el reparto de rentas: el año pasado, la participación de los excedentes de explotación en el PIB se situó en el 43,43%, tres décimas menos que en 2009 pero todavía un punto y medio por encima de la situación previa a la Gran Recesión. El PIB generado en 2010 en España llegó a 1,062 billones de euros. Por primera vez desde el inicio de la crisis, todas las ramas de actividad crecieron en el último trimestre, salvo la construcción, que aún pierde casi un 6% interanual. En cuanto a los precios de la economía, el deflactor del PIB se situó en el 1,4% a final de año, con aportaciones positivas de los beneficios empresariales (1,5%) y los impuestos (1%), y la negativa de los salarios (-1,1%).

La destrucción de empleo, que alcanzó el 2,3% en el año, junto con una práctica estabilización de la actividad, llevaron a un nuevo repunte de la productividad, hasta el 2%. Curiosamente, el impacto de la crisis está llevando a ganancias productivas desconocidas en los tres lustros previos, caracterizados por la abundancia del empleo. Y aportan munición al debate lanzado por la canciller alemana Angela Merkel y el Banco de España, respecto a la necesidad de separar las subidas salariales de la inflación prevista. Si se tomase como baremo la productividad, tal como proponen, las remuneraciones por empleado deberían haber crecido en el cuarto trimestre, en vez de caer un 0,4%.

La digestión de los excesos continúa
Tras dejar atrás a comienzos de año una recesión de siete trimestres, la economía española cerró 2010 con una recuperación ligerísima del gasto de los hogares y las ventas al exterior, pero con la inversión y el gasto de las Administraciones públicas en tasas muy negativas. Esta, condicionada por la crisis fiscal del Estado; aquella, por la imperiosa necesidad de desapalancamiento privado, que incita a la población al ahorro y a paralizar las decisiones de inversión en bienes duraderos o activos residenciales.

El gasto de las Administraciones públicas acumuló los cuatro trimestres del año pasado con descensos cada vez más acusados, debidos a la rebaja de sueldos de los funcionarios y el descenso en las compras de bienes y servicios.

Por lo que se refiere a la inversión, acumula casi tres años de valores descendentes; la contracción se atenúa muy poco, pues sigue con descensos interanuales superiores al 6%, aunque en 2009 las caídas llegaron al 16%. En el último trimestre se consolidó el respiro en la inversión en bienes de equipo, pero la contracción en la inversión residencial todavía supera el 10%. Sí hay cierta recuperación del gasto en consumo, pero con debilidad aún en las partidas de bienes de uso duradero, tal como advierte el propio INE.

Previsión para 2011
El Gobierno mantiene en el 1,3% su previsión de crecimiento para 2011. Según explicó ayer Campa, Moncloa espera un crecimiento trimestral acelerado y basado en un mejor comportamiento exterior y del consumo privado, junto a una contribución "solo marginalmente negativa" de la construcción.

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