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09 de noviembre de 2010

Cinco Días

La guerra de divisas se agudiza a dos días de la Cumbre del G-20

Los países del G20 siguen divididos sobre la llamada guerra de divisas y el modo reducir los desequilibrios comerciales, tras la última reunión de los distintos ministros, preparatoria de la cumbre que comienza este jueves.

La reunión de jefes de Gobierno y Estado del G20 se celebra los días 11 y 12 en Seúl precedida por las críticas a la reciente política monetaria de EEUU, considerada por algunos países una devaluación encubierta del dólar, y los constantes llamamientos a Pekín para que permita la apreciación de su moneda, el yuan.

Los viceministros de Finanzas del G20 reunidos desde ayer en Seúl siguen evidenciando diferencias relacionadas con la depreciación de las divisas de algunos países para fortalecer sus exportaciones, según fuentes de la organización.

Washington acusa a China de mantener el yuan artificialmente bajo para ayudar a sus exportaciones, mientras Pekín, Brasil y la Unión Europea (UE) aseguran que Estados Unidos está promoviendo el abaratamiento del dólar.

La semana pasada la Reserva Federal de EEUU (FED) decidió inyectar 600.000 millones de dólares con la compra de deuda para estimular el crecimiento, aunque los críticos opinan que esta medida alimenta los desequilibrios al permitir que el exceso de liquidez se dirija a inversiones a economías emergentes, además de depreciar el dólar.

En la cumbre del G20 se hablará además de los desequilibrios en las balanzas por cuenta corriente entre países como China y Alemania, que tienen superávit, y Estados Unidos, con déficit.

La propuesta estadounidense de fijar un límite equivalente al 4% del Producto Interior Bruto (PIB) al déficit o superávit de los países para evitar desequilibrios ha sido acogida con un rechazo casi general. Japón reiteró hoy su oposición al plan estadounidense, al opinar que cada país tiene diferentes estructuras de crecimiento, como señaló hoy desde Tokio su ministro de Finanzas, Yoshihiko Noda.

Por su parte, Alemania argumenta que su superávit por cuenta corriente no está vinculado a una política artificial de divisas, sino a su mayor competitividad, mientras Arabia Saudí recuerda que su balanza comercial está condicionada a su papel como exportador de petróleo. Se espera que la cumbre del G20 se salde con una declaración a favor de que el mercado determine la evolución de las divisas y se rechace su devaluación competitiva, como ya concluyeron los ministros de Finanzas de ese foro en una reunión el mes pasado.

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