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08 de julio de 2010

Cinco Días

El FMI rebaja ligeramente la previsión de crecimiento de España en 2011

Descenso del 0,4%

El FMI ha restado a España parte del crecimiento que le vaticinaba para 2011 en abril. En su actualización del informe de previsiones económicas, que ha hecho público hace unas horas, el Fondo espera que España se contraiga un 0,4% este año (la única gran economía de la zona en recesión) y apenas crezca un 0,6% el siguiente. En abril se esperaba cerrar el año que viene con un 0,9% de crecimiento. En el informe, el Fondo asegura que las turbulencias en los mercados por la situación de las cuentas públicas, particularmente en la zona euro, han elevado los riesgos para la economía mundial. Las previsiones a la baja para el año que viene son generalizadas en la zona euro y Reino Unido aunque este país registrará un cierto crecimiento, del 1,2% y el 2,1% cada año respectivamente. En el caso de Francia, también se hace extensiva una mínima revisión a la baja al actual ejercicio aunque, no obstante, se espera que cierre el año con un crecimiento del 1,4%.

La situación europea es muy diferente a la de EE UU, una economía que también está en crisis y tiene una importante deuda pero para la que se prevé un crecimiento del 3,3% este año y del 2,9% el que viene. Son porcentajes revisados al alza. Así las cosas y gracias a la buena evolución de los países emergentes, el Fondo proyecta que el crecimiento mundial rondará el 4,5% en 2010 y el 4,25% en el próximo ejercicio después de crecer más de un 5%, más de lo esperado, en el primer trimestre.

A pesar de las mejoras globales, el FMI se muestra extremadamente cauto y al describir la situación económica en las naciones avanzadas da la sensación de estar describiendo el viaje de un funambulista sobre una elevada cuerda floja. De acuerdo con el informe redactado por el equipo económico de Olivier Blanchard - analista jefe del FMI-, "los riesgos a la baja han aumentado drásticamente en medio del resurgimiento de las turbulencias financieras".

Estas turbulencias tienen su origen en la caída de la confianza con respecto a la sostenibilidad fiscal de economías como la de Grecia y otras vulnerables de la zona euro, las medidas aplicadas para controlar las cuentas públicas y el crecimiento previsto en el futuro. Todo ello, "ha empañado las perspectivas", señala el Fondo.

"En principio", afirma el Fondo, "esta nueva turbulencia financiera podría afectar a toda la economía real a través de varios canales, generando cambios en la demanda interna y externa y en los tipos de cambio relativos". El equipo de Blanchard no descarta un escenario negativo con una reducción del crédito bancario que podría crecer dada la incertidumbre sobre la exposición de la banca al riesgo soberano. A ello se le sumaría el aumento de los costes de financiación en Europa y el progresivo deterioro de la confianza de los consumidores y las empresas que podría echar el freno al consumo privado y, por supuesto, la inversión. Según el Fondo, "la consolidación fiscal también podría reducir la demanda interna" y es motivo para que se haya rebajado un cuarto de punto porcentual la proyección de crecimiento que se hizo para la zona euro en abril.

La buena noticia sería que la depreciación del euro permitirá impulsar las exportaciones y mitigar el resto de factores negativos.

Las previsiones que se hacen de la zona euro también de dependen del uso, en caso de ser necesario, del nuevo Mecanismo de Estabilización Europeo con el que se intenta apuntalar la estabilidad financiera pero sobre todo "de la implementación eficaz de políticas bien coordinadas para restablecer la confianza en el sistema bancario". En este sentido, el Fondo aplaude que se publiquen las "pruebas de tensión" de la banca europea (que debe completarse con planes para reforzar la capitalización según sea necesario) y pide a los países avanzados estrategias ambiciosas y creíbles para reducir los déficits fiscales a medio y largo plazo, aunque cada una de estas estrategias depende de las circunstancias de cada país. Adicionalmente reclama políticas encaminadas a reforzar el crecimiento como la reforma del sistema tributario y las prestaciones sociales, una reforma del sistema financiero y, dadas las circunstancias, un apoyo por parte de los bancos centrales a través de políticas monetarias poco ortodoxas como "usar sus balances para moderar las condiciones monetarias".

El FMI enfatiza que la mayoría de los países no deben aplicar políticas restrictivas antes de 2011 para no socavar la incipiente recuperación pero tampoco deben reforzar los estímulos, es decir, un camino intermedio del que centró el debate del reciente G20 entre la cada vez más austera Europa y un EE UU que quiere más ayudas para su economía.

El Fondo reconoce, sin nombrarlas en el informe escrito, que hay economías que ya han tenido que poner en marcha medidas de consolidación fiscal de forma ineludible y espera que estas envíen "señales firmes de compromiso mediante la aplicación de medidas iniciales que son políticamente difíciles".

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