Tras la intervención del Presidente del Gobierno en el reciente Debate sobre el Estado de la Nación ha saltado de nuevo a los medios de comunicación la discusión sobre la conveniencia de poner en marcha nuevas reducciones de los impuestos directos en línea con las propuestas contenidas en el programa electoral del Partido Popular.
Si bien es cierto que las propuestas planteadas por Aznar, entrarían en funcionamiento a partir del ejercicio 2003, ya han aparecido algunas opiniones cuestionando la inoportunidad de relajar la política fiscal y así, la propia Comisión Europea “desaconseja” utilizar los estabilizadores económicos, y fundamentalmente la reducción de impuestos, en un país que goza de una política monetaria especialmente expansiva, tal como hemos recogido en varias ocasiones desde este misma columna, y con una presión inflacionista diferencial frente a la media de la Unión Monetaria.
Nuestra opinión coincide básicamente con las recomendaciones lanzadas desde la Comisión Europea, y aunque las finanzas públicas españolas presenten unos resultados comparativamente mejores que los de la mayoría de nuestros socios comunitarios, siendo factible la consecución del objetivo de estabilidad presupuestaria para el presente año 2001, no es menos cierto que una parte importante de estos resultados se deben directamente a las desviaciones al alza sobre la inflación contemplada en los Presupuestos Generales del Estado, y no deberíamos dejar que la “ilusión monetaria” indujera medidas erróneas de política fiscal.
Una posible vía alternativa para implementar políticas expansivas que no fueran especialmente nocivas sobre la inflación consistiría en la reducción de los impuestos indirectos que, al aplicarse sobre los precios finales contribuirían a contener el incremento de precios. Ahora bien, considerando el necesario proceso de armonización fiscal, este tipo de medidas deberían acordarse para el conjunto de países integrados en la Unión Europea lo que agravaría aún más las dificultades que presentan para conseguir la estabilidad presupuestaria países como Alemania, Francia o Italia, que mantienen “números rojos” por encima del 1% del PIB, tal como señala el Informe Anual de la Comisión Europea.
Finalmente, podríamos acudir a una rebaja en las cotizaciones sociales que, de forma más indirecta, también contribuiría a contener el crecimiento de precios al abaratarse el salario bruto, pero en esta ocasión chocaríamos con el segundo de los problemas que apunta la Comisión Europea y que hace referencia a la financiación a largo plazo del sistema de protección social.
En definitiva, podríamos parafrasear aquello de la lírica afirmando que “corren malos tiempos para la rebaja de impuestos”.