La diversidad de predicciones y su continua revisión están provocando una confusión creciente entre los agentes económicos. La toma de decisiones de futuro exige interpretar adecuadamente esas nuevas predicciones. Para ello, hay que valorarlas de acuerdo con los supuestos en que se basan, la capacidad técnica y la posible intencionalidad de las instituciones que las elaboran.