Cuenta atrás para la próxima reunión del Banco Central Europeo (BCE). Como cada seis semanas, el organismo con sede en Fráncfort celebrará este jueves, 5 de junio, su encuentro de política monetaria, una cita para la que los analistas esperan una rebaja de 25 puntos básicos. Si se cumplen las expectativas de mercado, el banco central situará la facilidad de depósito -la actual referencia para el precio del dinero en la eurozona- sobre el umbral del 2%, mínimos desde octubre de 2022.
Las expectativas en torno a esta decisión son altas, si se tiene en cuenta que ese citado 2% le coloca dentro de la barrera de los tipos neutrales, considerados como tal aquel rango que ni frena ni estimula la economía. “El sesgo moderado del BCE ya quedó patente en la reunión de abril, y no creemos que el Consejo de Gobierno necesite innovar mucho esta semana para seguir tranquilizando a la zona euro en medio de la persistente incertidumbre”, señala el economista jefe de AXA IM, Gilles Moëc.
La atención la monopoliza en el momento actual las directrices en materia arancelaria decretadas desde Estados Unidos a Europa. Aunque las negociaciones entre la Casa Blanca y el bloque comunitario siguen en curso, la tasa universal del 10% impuesta por la administración Trump, que lleva casi un mes en vigor, y la amenaza de un gravamen del 50% a las importaciones al acero y aluminio a nivel global, añaden una dosis adicional de presión al equipo liderado por Christine Lagarde. La medida, que “mina” los esfuerzos para alcanzar un acuerdo entre Bruselas y Washington, no ha sentado nada bien en el seno de la Comisión Europea, desde la que amenazan con tomar represalias si fracasa el diálogo entre las partes. En este sentido, Moëc pone el foco en que las dificultades entre ambos bandos para negociar complican la capacidad del instituto emisor a la hora de comprometerse a dar futuras guías.
Con una inflación controlada después de cerrar en abril sobre el 2,2%, las expectativas apuntan a que ha cerrado mayo en el 2%, un dato que, precisamente, se conocerá este martes. Los analistas consultados hacen énfasis en el trabajo realizado después de que la inflación de la eurozona se haya moderado desde el pico del 10,6% alcanzado en el otoño de 2022, cuando registró su máximo histórico.
Entre ellos destaca el director de inversiones de Finizens, Kevin Koh Maier, quien destaca como uno de los potenciales riesgos para la hoja de ruta del BCE un posible bloqueo de las negociaciones con Trump. Entre los riesgos de una posible escalada de la guerra comercial figura el hecho de que puede presionar los precios al alza, perjudicando todo el camino recorrido en materia de política monetaria.
En este contexto, los analistas prevén un tono moderado por parte de Lagarde que permita dejar la puerta abierta a una mayor relajación de cara a los próximos meses. El consenso sitúa el suelo en una tasa de entre el 1,75% y el 1,5%. El economista jefe del BCE, Philip Lane, ha dado pistas en esta dirección tras asegurar que solamente bajarían los tipos de interés por debajo del 1,5% en caso de producirse riesgos considerablemente mayores a la baja para la inflación o que tuviera lugar una desaceleración económica significativa.
Javier Cabrera, de XTB, hace un llamamiento a la calma y defiende que a día de hoy el impacto es limitado, por lo que habrá que esperar a conocer cómo se recoge en las previsiones. Cabe recordar que en la cita de abril, la expresidenta del FMI cumplió el guion tras aplicar una rebaja de 25 puntos básicos, si bien alertó de que el escenario había cambiado ante la proliferación de riesgos a la baja para el crecimiento económico. En esta línea, las actas publicadas la semana pasada ponen de relieve que una vez acabada la lucha contra la inflación -salvo que el ‘shock’ comercial- les oblique a dar un giro, el objetivo ahora pasa por proyectar estabilidad, especialmente, en un escenario de tiempos “volátiles”. Algo que se consigue proyectando “confianza” y evitando que las sorpresas trastoquen los mercados.