Sin nervios, pero con precaución

Autor: ANTONIO PULIDO
Fuente: Nueva Economía- El Mundo

Evaluar efectos de situaciones sin antecedentes históricos es un ejercicio de imaginación de gran interés práctico pero pleno de riesgos. El antecedente más cercano (y con múltiples diferencias de todo orden) sería la Guerra del Golfo Pérsico de hace 10 años. Los recientes acontecimientos puede tener repercusiones múltiples de carácter político, militar y social en su más amplio espectro. Todo ello tiene circunstancias económicas diversas que dependen del ámbito geográfico y del horizonte de análisis.
A muy corto plazo (próximas semanas) pueden esperarse reacciones acusadas e incluso fuertemente inestables en aspectos tales como cotizaciones bursátiles, precios del petróleo u otras materias primas básicas, tipo de cambio del dólar o movimientos internacionales de capitales.
Ampliando el horizonte de análisis desde las próximas semanas a los meses siguientes o trimestres, hay que prestar especial atención al foco inicial de conflicto, EEUU, en aquellos aspectos que condicionan un proceso de desaceleración acusada ya en marcha.
Es muy factible que el coste directo de pérdida de PIB en EEUU como consecuencia del derrumbe de las Torres Gemelas o los daños en el Pentágono, anulación de vuelos, disminución del turismo, etc, sea muy reducido (en términos puramente monetarios) para la magnitud de la economía norteamericana.
Sin embargo, no hay que olvidar que partimos de una situación previa de estancamiento (crecimiento cero) en términos de PIB y caída de la inversión y de las exportaciones (datos de finales de agosto). Dado que el principal sostén de la economía de EEUU está en que se mantiene un cierto dinamismo del consumo privado, los recientes acontecimientos pueden, durante algún tiempo, retraer el gasto de las familias, que parten ya con niveles de endeudamiento considerables.
Tanto por razones de precaución cara a un futuro incierto, como por pérdida acumulada (y cuya recuperación se va viendo ahora más lejana) del patrimonio financiero de familias y empresas, podemos tener un efecto de retraimiento adicional de consumo familiar y de algunos proyectos de inversión empresarial, en espera de que se aclare la situación. Es decir, lo más grave no es el impacto directo, sino el empeoramiento de expectativas en un momento en que se necesitaba una confianza en la recuperación de ritmo en EEUU.
Para Europa, el impacto inmediato puede ser sólo de tipo financiero, pero una prolongación del período de letargo en EEUU (o incluso alguna noticia sobre un posible empeoramiento coyuntural) tiene el peligro de ir afectando a una economía europea que ya iba, poco a poco, perdiendo ritmo en un contexto mundial en que ya se expandía la sensación de crisis. Previsiblemente los nuevos acontecimientos tenderán a retardar la esperada recuperación.
No contribuyamos a ese empeoramiento con catastrofismos propios de momentos de nerviosismo exacerbado. Los sucesos no pueden resultar más inoportunos en términos económicos generales, aparte de sus efectos inmediatos en sectores y empresas especialmente vinculadas a los recientes acontecimientos. Pero los gobiernos parecen dispuestos a reaccionar con políticas expansivas que podrían ayudar a remediar la situación. Habrá que estar atentos a las reacciones que se produzcan, dentro y fuera de EEUU. Sin nervios, pero precavidos