Desde hace ya bastantes años se ha convertido en una costumbre que la mayoría de los organismos internacionales dedicados al análisis y predicción económica presenten sus informes sobre perspectivas de crecimiento alrededor de estas fechas.
Así, durante la presente semana, tanto el Banco Mundial, como la OCDE han hecho públicas sus nuevas estimaciones de evolución de la economía internacional, tanto para el presente año como para el 2002 y en unos pocos días harán lo propio el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea.
En mi calidad de representante del equipo español integrado en el Proyecto LINK de Naciones Unidas, dedicado igualmente a la predicción de la economía internacional, he tenido la oportunidad de conocer las líneas básicas de dichas predicciones, avanzadas durante el transcurso de la primera de las dos reuniones anuales que realiza el mencionado proyecto, y aunque puede haber diferencias de matiz en la “letra” de cada uno de los respectivos informes la “música” es común y se interpreta en términos de reducción de las perspectivas de crecimiento para el presente año, tanto frente a las realizaciones alcanzadas durante el año 2000, como respecto a las predicciones realizadas hace unos meses.
Analizando con mayor detalle las estimaciones presentadas para cada uno de los países y áreas geográficas podemos detectar fácilmente que el origen de esta nuevas situación se encuentra, casi exclusivamente, en la economía americana, ya que el resto de alteraciones sobre la situación previa esta condicionado por el mayor o menor nivel de interrelación de cada uno de los países con respecto a los Estados Unidos. Así, por ejemplo, la economía latinoamericana, o determinados países del sudeste asiático, que actúan como proveedores directos de tecnologías de la información a los Estados Unidos, han visto reducidas sus perspectivas de crecimiento en mayor medida que, por ejemplo, la Unión Europea donde, tanto la desaceleración respecto al año 2000, como la revisión a la baja de las predicciones está siendo relativamente moderada.
Nuestro país no ha sido ajeno a estas tendencias generales, y ya hace unas semanas comentábamos, en esta misma columna, que la mayoría de las instituciones dedicadas al seguimiento de la economía española habían revisado a la baja sus estimaciones de crecimiento. Ni el propio ejecutivo ha podido permanecer al margen de estos cambios, y el Ministro de Economía anunció, en el transcurso de la semana, que se revisarían ligeramente a la baja las previsiones oficiales de crecimiento aproximándolas más hacia el 3% frente al 3.6% que figuraba en los Presupuestos Generales del Estado para el 2001.