Ya saben que me parece muy útil preguntar a diversos personajes de Econolandia cuando se presenta un tema polémico. Ante la aceleración progresiva de los precios he pedido sus opiniones a nuestro líder político Feliciano Asín, al profesor Juan Macro, al empresario John Busines y al consultor internacional Peter World. Como verán hay explicaciones para todos los gustos y enfoques que proporcionan visiones de una misma realidad desde distintas perspectivas.
Para Feliciano Asín, como buen político en el poder, la tensión sobre precios es consecuencia principalmente de factores externos fuera de control, tales como la debilidad del euro, el alza de los precios del petróleo y las elevaciones coyunturales de precios de productos alimenticios no transformados. Con nuevas reformas estructurales y una progresiva flexibilización de mercados, que el gobierno tiene en estudio, la inflación volverá a sus cauces normales.
El profesor Macro se apunta a la corriente de pensamiento más ortodoxa que califica la inflación como un fenómeno monetario. La política expansiva del BCE más adecuada para países de crecimiento más reducido y precios más controlados, como Alemania y otros países del núcleo central europeo, ha introducido un exceso de liquidez en el sistema, con unos tipos de interés muy reducidos, que para España suponen tipos reales en un mínimo histórico.
Cuando le trasmito a mi amigo el empresario Busines las dos explicaciones anteriores, su cara va pasando de una sonrisa sarcástica a un mueca de incredulidad. ¡Lo que ocurre es que se están disparando algunos costes empresariales y, en muchos casos, no pueden compensarse con las mejoras de productividad necesarias!. Me argumenta que incluso hay un reciente informe que calcula no sólo la incidencia sobre precios de la elevación de los costes laborales por unidad producida (CLUs) sino también de los costes tributarios por impuestos directos, indirectos y cotizaciones sociales (CTUs).
Pero el más agresivo, sin duda, de mis encuestados es Peter World. Su experiencia en diversos países de Europa, de Norteamérica y de otras zonas del mundo, le lleva a poner en primer término algunas cuestiones que habían eludido las explicaciones anteriores. En primer lugar me pregunta las mejoras de productividad en ese país que ha superado el 4% de inflación y debo confesarle que son muy reducidas. ¡Pues sin ganancias de productividad las tensiones de costes es una ley universal que tienden a trasladarse a precios!.
En segundo lugar, Peter quiere saber cuál es el nivel comparativo de precios con otros países de su entorno. Su experiencia internacional le indica que los precios suben más deprisa en zonas de alto crecimiento que quieren converger con sus vecinos en rentas y ganancias salariales. Ir mejorando niveles de vida, supone mayores ritmos de crecimiento salarial y de bienes y servicios con los correspondientes a los países más desarrollados.
El problema, me insiste Peter World, es que en una zona con moneda única los diferenciales de crecimiento en los precios no pueden compensarse vía tipo de cambio y, como consecuencia, afecta a la competitividad en precios internacionales del país con mayor inflación. Habrá que cuidar la innovación tecnológica, la mejora del sistema educativo, la eficiencia de empresas y gobierno. En fin, esas “pequeñas cosas” que definen el éxito económico a medio y largo plazo de cualquier economía del mundo.
¿Quién de mis cuatro personajes tendrá la razón?. ¿O es que la economía es tan compleja que potencia la esquizofrenia y el desdoblamiento de la personalidad?.