Destino Ciberville

Autor: ANTONIO PULIDO
Fuente: El Mundo

Mi amigo el periodista Larry Newletter acaba de regresar de un viaje por varios países entre los cuales se encuentran los Estados Federados del Norte y su capital, Ciberville. Me ha propuesto que escribamos un libro juntos sobre las experiencias de su viaje por Econolandia. La idea no parece mala, ya que el moverse por el mundo con la mirada puesta en los diferentes
aspectos de la vida económica y sus condicionantes sociales, políticos y tecnológicos, puede ayudar a comprender o matizar algunas verdades que circulan, a veces, con más velocidad que precisión. Por el momento nos conformaremos con comentar algunas de esas experiencias viajeras.
Larry pensaba a priori que Ciberville, la ciudad más adelantada del mundo en las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, sería una especie de ciudad del futuro, poco más o menos de la saga de las habituales en las películas de la guerra de las galaxias.
Sin embargo, robots, móviles de última generación, todo tipo de adelantos en ofimática o control digital de edificios y el mayor entramado de redes por metro cuadrado, no es lo emblemático de esa ciudad superdesarrollada.
Por el contrario, destaca la preocupación por el medio ambiente y se valora muy especialmente la creación artística, la formación humanista o las relaciones personales. Ya han pasado los ciudadanos de Ciberville de los primeros excesos aún habituales en otros lugares del planeta. Vivir unidos umbilicalmente al teléfono móvil se considera un signo de falta de libertad. Los miembros más valorados de la sociedad son los que aportan conocimiento y reflexión, no los que acumulan información y todo tipo de datos. Los ordenadores ya no confieren “estatus”, porque todos los utilizan pero sólo cuando es necesario. Sólo los niños, los jubilados o los inactivos se pasan el día pegados a la pantalla.
Además, todo tipo de empresas utiliza las nuevas tecnologías. Cualquier empresa es “punto-com” como antes era sociedad anónima o limitada . No confiere carácter ni justifica, de por sí, éxito en los negocios.
Por su parte, los consumidores no admiten servicios digitales incompletos como reservar una entrada o pagar un impuesto por Internet y después esperar una cola para recoger la entrada o conseguir una firma electrónica homologada.
Eso sí, por lo que Larry me comenta, hace muchos años que los habitantes de Ciberville comprendieron que su vida completa, profesional, social o familiar, estaba condicionada por los avances tecnológicos. Aceptaron que más valía subirse al carro de la Sociedad del Conocimiento que dejarse arrastrar por él. Que había que reducir al mínimo posible la marginalidad y el abismo de la brecha digital. No parece mala idea para el resto de Econolandia.
Porque de lo que no hay duda es que nada podría hacer más daño a la potencialidad económica de cualquier país que dudar de los efectos beneficiosos de una amplia utilización de las nuevas tecnologías, así como de la búsqueda de la innovación y la competitividad de sus empresas.