Crónica de efectos del 11-S

Autor: ANTONIO PULIDO
Fuente: Nueva Economía-El Mundo

La pregunta parece muy simple. Ahora, que ha pasado un año de los terribles atentados terroristas del 11 de septiembre en las Torres Gemelas y el Pentágono, ¿cuáles han sido los efectos reales de aquellos sucesos?. O dicho de otra forma, ¿en qué ha influido en el crecimiento de los países, en el turismo, en las sucesivas caídas bursátiles, en la fortaleza del dólar o en las quiebras y suspensiones de pagos de algunas empresas?.
El problema es que las preguntas aparentemente más elementales pueden exigir contestaciones complejas, como en éste caso. La mayor dificultad proviene de que lo que ha sucedido durante los últimos 365 días a países, regiones, sectores, empresas o individuos sólo en parte es consecuencia del 11-S. De antes venía la “exhuberancia bursátil”, la desaceleración de la economía norteamericana, el bajo perfil de la economía
japonesa, la paralización de algunos proyectos excesivamente ambiciosos en el mundo de las telecomunicaciones y otras decenas de cuestiones que a cualquiera se nos puede ir ocurriendo.
Por tanto, lo primero a tener en cuenta es que los atentados terroristas de hace un año, los posteriores conflictos bélicos, las pérdidas o costes materiales que supusieron y los temores que generaron, no son los causantes de la actual desaceleración económica ni de las pérdidas bursátiles generalizadas. No quiero decir que no hayan incidido y además con cierta fuerza en estos u otros aspectos. Pero menor ritmo de crecimiento e inestabilidad en las bolsas de valores hubieran existido con o sin los acontecimientos que se inician el 11-S.
Centrando la respuesta sobre el crecimiento económico, podríamos valorar los efectos de aquellos sucesos en una desaceleración del ritmo de variación del PIB de la UE en su conjunto, algo inferior al medio punto de porcentaje para el 2001 (efecto de solo un trimestre) y de hasta un punto menos para el año en curso. Para EEUU el impacto sería algo superior y habría podido reducir, por sus efectos directos e indirectos, a casi la mitad un ritmo de crecimiento económico que, en fechas previas a los atentados, se estimaba podría llegar al 3% para este año.
En realidad, de los escenarios de futuro que los predictores económicos consideramos que podían producirse tras el 11-S, por ahora nos hemos acercado al más benigno por sus consecuencias económicas y que respondía a una respuesta militar reducida en intensidad y duración.
No es para estar satisfechos de lo que ha ocurrido desde aquel once de septiembre, pero podría haber sido sensiblemente peor y además mucho de lo negativo no es consecuencia directa de aquello. De aquellas lluvias no son todos estos lodos.
Ahora lo importante es que no existan nuevas derivaciones político-militares «agudas» a la sombra de aquellos hechos y que el mundo económico termine de digerir los sustos de los apaños contables, los contagios del tango argentino y los titubeos «uemeteeses». Si se cumplen las expectativas, dentro de un año estaremos hablando de un crecimiento de la economía mundial cercano al 4%, solo medio punto menos para EEUU y rozando el 3%, casi el doble que en este año, para los países de la UE.