La economía española ha comenzado el año 2026 mostrando una notable capacidad de resistencia, aunque las cicatrices de la inestabilidad global empiezan a hacerse visibles en sus indicadores de actividad. Según los datos de contabilidad nacional confirmados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Producto Interior Bruto (PIB) de España registró un crecimiento del 0,6% durante el primer trimestre del año. Si bien la cifra sitúa al país a la cabeza de las principales economías de la eurozona, el dato certifica una pérdida de impulso respecto al último trimestre del año anterior, cuando la economía avanzó a un ritmo del 0,8%. La diferencia de dos décimas evidencia que el dinamismo excepcional de 2025 ha comenzado a moderarse ante un entorno internacional cada vez más hostil. Además, el avance interanual del PIB se sitúa en el 2,7%, una décima por debajo del cierre de 2025, que fue del 2,8% (aunque una décima por encima de la evolución del último trimestre de 2025 respecto al mismo periodo de 2024, que fue del 2,6%).
Pese a la ralentización del PIB, el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha asegurado en unas declaraciones remitidas a los medios que “la economía española mantiene el pulso de crecimiento en este arranque de año marcado por la guerra de Irán” y que “las medidas aprobadas por el Gobierno el pasado 20 de marzo están amortiguando el daño de este nuevo shock energético sobre hogares y empresas”. Además, ha insistido en que el país sigue registrando los mejores datos macroeconómicos de la Unión Europea. Poco después se ha conocido el dato de crecimiento europeo, que apunta al estancamiento, con un avance de solo el 0,1% trimestral y el 0,8% interanual.
Los datos desagregados del INE muestran que el consumo de los hogares, principal pilar de la demanda nacional, creció un 0,6% intertrimestral, lo que supone una caída tras un año previo en el que creció con vigor a tasas superiores al 0,8% trimestral. Este comportamiento se ve condicionado por la presión de los precios (la tasa de inflación ha pasado del 2,3% en enero al 3,4% en marzo) y una mayor cautela en el gasto de las familias ante el deterioro de las expectativas económicas. Por su parte, la inversión —o formación bruta de capital fijo— también frenó su crecimiento al pasar de un avance del 2,1% en el último trimestre de 2025 a un 0,4% entre enero y marzo.
Este comportamiento dispar en el arranque del año ha estado marcado por un enfriamiento casi unánime de sus motores principales. La única excepción reseñable en este escenario de cautela empresarial ha sido el rubro de maquinaria y armamento, que logró un incremento del 1,5% al calor de los planes de gasto militar impulsados por el Gobierno. Este repunte contrasta con el retroceso del 1,8% registrado en el equipamiento de transporte y, de manera más acusada, con el brusco ajuste en la construcción de viviendas, cuyo crecimiento se evaporó desde el 2,8% del trimestre anterior hasta un exiguo 0,3% ante la escasez de oferta y el endurecimiento de las condiciones financieras. Asimismo, los activos de propiedad intelectual, que venían mostrando un dinamismo del 2,7%, sufrieron el deterioro del entorno económico y registraron un modesto avance del 0,9% en este primer tramo de 2026.
El sector exterior también se vio marcado por la guerra en Irán. Las exportaciones de bienes acusaron el deterioro del entorno global con un descenso del 2,1%, lo que supone su peor desempeño trimestral desde que la economía superara los efectos de la pandemia. En sentido opuesto, el sector servicios actuó como contrapeso al mantener un elevado dinamismo, logrando un avance del 2,1% entre enero y marzo. Esta tendencia se replicó en el flujo de entrada de productos y servicios. Mientras que las importaciones de bienes extranjeros se contrajeron un 1,6% en un contexto de demanda interna más contenida, las compras de servicios crecieron un 2,3% gracias al dinamismo de los flujos turísticos.
En el mercado laboral, la inercia positiva de los últimos trimestres ha empezado a dar señales de fatiga, con una desaceleración en la creación de empleo que se arrastra desde el cierre de año. Así, entre enero y marzo, el número de personas ocupadas aumentó solo un 0,3% frente al 0,8% del trimestre anterior (dato desestacionalizado). La buena noticia en este terreno se observa entre las personas con un empleo a tiempo completo, donde la tasa repuntó hasta el 0,8% frente al 0,3% del periodo anterior. Las horas trabajadas, en cualquier caso, registraron una caída de más de un punto al pasar del 1% en el trimestre previo al -0,3% en este arranque de año.
La tasa de paro ha crecido hasta el 10,8% en el primer trimestre y la ocupación ha caído el doble que el año pasado, según los datos publicados esta semana por la Encuesta de Población Activa (EPA). Este cambio de tendencia en el empleo, que hasta ahora había actuado como el principal dique de contención de la economía, sugiere que las empresas han comenzado a ajustar sus plantillas ante la caída de las carteras de pedidos y el encarecimiento de los costes de producción, especialmente en los sectores de la industria y la construcción.
Impacto de la guerra en Irán
La causa primordial de la desaceleración es el estallido del conflicto bélico en Irán a finales de febrero, un evento que el Banco de España describe como un choque de incertidumbre “especialmente elevada”. El ataque directo sobre territorio iraní el pasado 28 de febrero ha alterado bruscamente el tablero geopolítico, provocando una reacción inmediata y violenta en los mercados energéticos. El cierre de facto del estrecho de Ormuz, una arteria vital por la que transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de crudo y gas natural licuado, ha disparado los precios del petróleo un 50% y los del gas natural más de un 60% en apenas dos meses.
El conflicto en Oriente Próximo ha forzado a los organismos internacionales y al propio Gobierno a reajustar sus previsiones para lo que resta de año. Esta semana el ministro de Economía ha reconocido que, en función de la situación y del devenir del conflicto, “se podría hablar de una afectación de entre una décima y ocho décimas [de PIB], y esas bandas pueden seguir ampliándose dado el escenario de incertidumbre”.
La revisión a la baja oculta además un juego de equilibrios llevado a cabo por el Ejecutivo, pues el impacto negativo del coste energético -calculado por el Banco de España en cuatro décimas-, se ve compensado en gran medida por el nuevo paquete de ayudas fiscales aprobado por el Gobierno, que inyectaría tres décimas adicionales de crecimiento a través del estímulo a la demanda interna.
La inflación vuelve a estar en el ojo del huracán. Las distintas estimaciones apuntan a un incremento del IPC superior al 3% interanual. El Banco de España anticipa que la segunda mitad del año será especialmente compleja, a medida que se reviertan las rebajas fiscales a la energía y se trasladen los mayores costes de producción a los alimentos y servicios. De hecho, la inflación subyacente, que excluye los elementos más volátiles, se mantiene estancada en el entorno del 3% debido a la persistencia de los precios en el sector servicios y la restauración.
El País, 30-04-2026