El paro ‘extremo’ aún supera en un 142% los niveles previos a la crisis financiera

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España cerró el segundo trimestre del año con 991.500 parados de larga duración. Es la cifra más baja desde 2009 pero sigue suponiendo un 95% más que en el segundo trimestre de 2008, considerado el momento previo al estallido de la Gran Recesión. En el caso de los desempleados de duración extrema, los que han superado el umbral de los 2 años sin trabajo, el incremento es del 142%. Por el contrario, los que llevan menos de un año buscando empleo han caído un 16% desde el nivel de referencia anterior a la quiebra de Lehman Brothers.

Estos datos tienen una lectura clara: pese al notable descenso de la tasa de desempleo en los últimos años, que ha alcanzado niveles previos a la crisis financiera, el tiempo que las personas se ven atrapados en esta situación sigue siendo más elevado. Los desempleados tienen más dificultades para encontrar trabajo que entonces, algo que supone un desafío claro para las políticas activas.

En estos años, el de larga duración ha pasado de ser el 21,2% al 38,8% del total del desempleo en España. Un porcentaje que supera todos los de los años anteriores a la crisis financiera: el máximo anterior fue del 37% en 2002, un ejercicio que aún venía marcado por la resaca de la crisis anterior, la de 1996 y los grandes ajustes en empresas públicas y otros sectores para cumplir con los requisitos de la entrada del euro.

Si lo expresamos en términos de porcentajes sobre la población activa, el problema se confirma. La tasa general de paro del segundo trimestre quedó en el 10,29%, la más baja desde el arranque de 2008 y que mejora, aunque sea por unas décimas, el 10,36% anotado en el segundo trimestre de ese año. Eso sí, entonces la aportación del paro de larga duración era de 2,2 puntos porcentuales. Hoy se eleva a 3,99.

El estallido de la crisis financiera no fue un fenómeno exclusivo de España. Afectó a todas las grandes economías del mundo y de Europa. El hecho diferencial fue su intensidad pero también su duración: a día de hoy nuestro país aún sigue manteniendo la mayor tasa de paro de los Veintisiete. Una evolución en la que ha jugado u ngran papel el paro de larga duración.

Si analizamos la serie histórica de las tasas de paro por tiempo de búsqueda de empleo vemos que la Gran Recesión no solo borró los avances de los años anteriores (en términos de descenso de ambos tipos de desempleo), sino que afloró un desequilibrio sorprendente ente ambos: en el primer trimestre de 2012 el paro de larga duración batió claramente al que no superaba un año y llegó a suponer el 62% en junio de 2014. Un desajuste que no se corrigió hasta el primer trimestre de 2018, bien avanzada la recuperación. La situación se normalizó en los años siguientes, si bien la pandemia estuvo a punto de cambiar las cosas: la brecha de desempleo según la duración se estrechó a mínimos, si bien no llegó a cerrarse, ni a invertirse. En todo caso, fue un recuerdo de que el desequilibrio que dispara el desempleo sigue ahí. Y es la razón por la que el paro sigue aún lejos de sus mínimos históricos, en especial en el de larga duración.

El problema es aún más grave si apreciamos que el grupo que más se ha incrementado es el de los desempleados que llevan más de dos años en desempleo: supera en un 142% los niveles de 2008, frente al 48% que han repuntado los que se sitúan entre uno y dos años. Hoy aportan 2,49 puntos a la tasa de paro, frente a los 1,1 de 2020. El resto de los parados de larga duración han pasado de 1,1 a 1,5.

Pero los datos actuales palidecen ante los registrados en la Gran Recesión: de hecho, entre 2012 y 2015 las cifras de los desempleados de ‘duración extrema’ cifras llegaron a superar las de los parados de menos de 1 año lo que confirma no solo una destrucción de empleos, sino de oportunidades laborales a largo plazo. ¿Puede repetirse?Ante esta evolución surgen dos incógnitas: ¿A qué se debe este mayor peso del empleo de larga duración? ¿Y puede repetirse una situación como la vivida en la Gran Recesión?

La respuesta a la primera pregunta apunta al incremento de la edad media de los desempleados de larga duración. En 2008 el 25,7% superaban los 50 años. Hoy suman el 44,1%, el porcentaje más alto de la serie histórica. Entre los que superan los dos años sin empleo ha pasado del 30,2% al 50,1%. Como hemos contado en elEconomista.es, estas personas son las que presentan más dificultades para volver al mercado laboral tras perder un empleo.

Y esto afecta a la segunda cuestión: el desempleo se reduce gracias a la mejora del ciclo económico, al margen de lo que se legisle en materia laboral. Pero para actuar sobre el de larga duración, en especial si cada vez más se concentra en un colectivo de difícil empleabilidad, sí se necesita un impulso de las políticas de empleo.

La serie histórica muestra que el paro de larga duración se redujo con más intensidad que el de menos de un año en cuanto comenzó la recuperación económica, pero a partir de 2020 esta mejora se ralentizó. Algo que apunta a ese nuevo perfil de desempleo con mayores dificultades ganaba peso. Así pues, ¿estamos mejor preparados que en 2008 para evitar que una crisis se convierta en una nueva debacle laboral que se convierta en una ‘bomba’ de paro de larga duración?

En la última década ha habido dos grandes reformas de la Ley de Empleo que pretendían mejorar los programas y medidas que ejecutan el Estado y las comunidades autónomas para reducir el paro de larga duración. La primera, en 2015, cuando los parados que llevaban más de dos años en desempleo alcanzaron su máximo histórico. Los datos posteriores apuntan a un cumplimiento parcial del objetivo, pero el repunte de 2020 y 2021 confirmó que la eficacia de las políticas aplicadas en las oficinas de empleo no había resuelto el problema.

La segunda reforma, negociada con Bruselas en 2023, se impulsó en un contexto muy diferente: de recuperación tras la pandemia, pero con niveles de desempleo aún por encima de los registrados durante la Gran Recesión. Dos años después, el escenario sigue siendo el mismo. Aunque ahora el Gobierno ha analizado con más profundidad la gravedad del problema del paro de larga duración, como hemos contado en elEconomista.es.

Los análisis elaborados por el Ministerio de Trabajo demuestran que el paro de larga duración llega a anular la eficacia de medidas que mejoran las opciones profesionales de todos los colectivos, incluidos los desempleados de mayor edad. Ante estos indicios, el riesgo de que un cambio de ciclo económico, ya sea prolongado (como en la crisis financiera) o puntual (como en la pandemia) dispare el paro de larga duración con la misma intensidad que en 2008 sigue presente y es uno de los grandes desafíos de las reformas de las medidas.