Desde que a finales del pasado año se hiciera patente la desaceleración de la economía americana, Alan Greenspan, como máximo responsable de la Reserva Federal ha aplicado tres reducciones consecutivas de tipos de interés, cada una de las cuales ha abaratado el coste del capital en un 0,5%, en un intento de reactivar una economía que está dando síntomas de agotamiento (con un 3.4% de crecimiento en el cuarto trimestre y un 5% anual) y sin que le preocupe en exceso el mantenimiento de unos niveles de inflación superiores al 3,5%.
Por el contrario, en la Zona de Moneda Única, Wim Duisenberg , gobernador del Banco Central Europeo y responsable de la política monetaria común, ha mantenido los tipos de intervención en el 4,75, preocupado por una inflación del 2,6% , en una economía que creció en el cuarto trimestre un 3% con una media anual del 3.4%.
Obviamente, no sólo “Spain”, sino toda Europa “is different”, al menos en cuanto a la gestión de la política monetaria, ya que mientras el objetivo del Presidente de la Reserva Federal es velar por la buena marcha global de la economía americana, la única misión encomendada al Gobernador del Banco Central Europeo es vigilar las tensiones inflacionistas, con independencia, al menos sobre el papel, de lo que suceda con el resto de la economía.
Estas reglas del juego, que nos impusimos de forma voluntaria para poder avanzar en el proceso de integración, no parece que estén funcionando de forma adecuada, ya que si analizamos los datos presentados por ambos bloques económicos no sería difícil averiguar que la economía europea está necesitando una cierta inyección de optimismo materializada en una reducción de los tipos de interés que no debería hacerse esperar demasiado.
De hecho, si analizamos las reacciones del tipo de cambio del Euro frente a la progresiva reducción de los diferenciales de interés entre Estados Unidos y la Zona Euro, comprobaremos que aunque dicho diferencial se ha reducido en más de 250 puntos básicos desde mediados del pasado año, el tipo de cambio es prácticamente el mismo. Esta falta de reacción del tipo de cambio ante la alteración de la rentabilidad comparativa del capital, sólo puede ser interpretada como una desconfianza absoluta hacia las posibilidades de crecimiento de la economía europea, o como una expectativa de clara recuperación de los diferenciales de interés en un entorno relativamente cercano, es decir, una reducción de los tipos de interés del Área Euro.