Una ola de pesimismo generalizado esta invadiendo la mayoría de los análisis sobre la situación actual y perspectivas de evolución a corto plazo de la economía española, habiéndose generado todo tipo conjeturas sobre la magnitud de la desaceleración que experimentará nuestro crecimiento durante el presente año 2001.
Desde mi punto de vista, si bien es indudable que estamos afrontando una fase de desaceleración cíclica, no es menos cierto que, al menos de momento, no hay evidencias claras de que dicha desaceleración vaya a ser especialmente grave.
En primer lugar debemos constatar que las estimaciones más pesimistas que se manejan en este momento situarían a la economía española con un crecimiento medio del PIB real para el presente año 2001 del 2.6%, similar a las estimaciones medias del conjunto de la Unión Europea, y que permitiría un cierto margen para seguir generando empleo; dicho de otra forma, en el peor de los casos mantendríamos nuestro diferencial de renta real con Europa y no se detendría el proceso de creación de empleo.
Por otra parte, si consideramos el valor medio de las predicciones realizadas por las principales instituciones dedicadas al análisis económico en nuestro país, el valor de consenso se mantiene en torno al 3%, si bien es cierto que dicha cifra se ha reducido ligeramente tras la publicación de las cifras de cierre del año 2000, presentadas en la Contabilidad Trimestral, y donde la demanda interna habría sufrido un significativo descenso en sus tasas de crecimiento, sobre todo durante el cuarto trimestre.
Si tratamos de analizar las causas últimas que han inducido esta desaceleración es necesario acudir a la caída de expectativas de empresarios y consumidores para poder justificar el descenso del gasto privado y la inversión empresarial, ya que los parámetros de renta, tanto de familias como de empresas, no se han visto reducidos en la misma magnitud; de hecho, el Excedente Bruto de la economía española, habría aumentado ligeramente durante la segunda mitad del pasado año, tanto en términos nominales, como descontando el efecto de crecimiento de precios.
Los escasos datos disponibles para el presente año tampoco parece que muestren un deterioro significativo frente a las realizaciones de finales del pasado año, tal como nos muestran los principales indicadores de actividad y confianza de los agentes económicos.
En resumen, ni los condicionantes estructurales, ni la información coyuntural disponible parecen apuntar, al menos en esta primera parte del año, que se este produciendo un parón brusco de la economía española, siendo factible la consecución de un crecimiento medio del PIB real en torno al 3% para el conjunto del año.