Hemos aprendido la lección

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Cuando a finales de 1999 comenzaron a incrementarse los precios del petróleo y a medida que transcurrían los meses se iba confirmando que dicha subida no tenía un componente estrictamente coyuntural se empezaron a despertar los “fantasmas de la Navidad pasada”, y la mayoría de los analistas comenzamos a recordar los nefastos efectos que tuvieron las anteriores elevaciones de los precios del crudo sobre la inflación y el crecimiento económico de la mayoría de los países desarrollados.

Tal como se demostró posteriormente, el problema no se centraba tanto en el incremento directo de los costes de los inputs energéticos, sino en la espiral de precios y salarios que se desató cuando los agentes económicos pretendían recuperar con nuevos incrementos de precios las pérdidas de renta real que se derivaban del aumento de precios de los combustibles.

Evidentemente, la situación actual de las economías desarrolladas en general y, desde luego, la de la economía española en particular, no es al misma que hace veinte años y los niveles de dependencia de los combustibles derivados del petróleo son bastante más reducidas, lo cuál no significa que estuviéramos inmunizados frente los efectos indirectos derivados de tal incrementos de costes.

En el caso español, y a la vista de los recientes resultados publicados por el INE en la Encuesta de Salarios en la Industria y los Servicios, da la impresión que tenemos la lección bien aprendida, y así en un año como el 2000 donde los precios del crudo se elevaron en torno al 60% y la inflación ascendió hasta el 4% , los salarios medios en la industria y los servicios únicamente aumentaron un 2,3%.

En este punto, podríamos empezar a cuestionarnos la fiabilidad de estas mediciones, ya que, aparentemente, existen algunas inconsistencias en la información disponible, tales como el hecho de que los salarios medios hayan crecido menos que los de cada uno de los sectores, (recordemos que la industria aumentó un 2.5%, la construcción un 3.8% y los servicios un 3%), o que los incrementos salariales finalmente percibidos hayan sido inferiores a los pactados en los convenios colectivos 2.9%.

En cualquier caso, y a margen de dichas inconsistencias, que por otra parte tienen una explicación estadística, lo que no deja de ser cierto es que el componente salarial ha reaccionado adecuadamente frente al shock de precios energéticos, lo que esta posibilitando la contención de la inflación y el mantenimiento de unos excelentes resultados en términos de generación de empleo.