Una experiencia muy educativa es asistir a una reunión de expertos internacionales que traten de hacer pronósticos sobre el futuro de Econolandia, sobre todo cuando cada uno aporta una predicción sobre su propio país y se trata de agregar y armonizar las distintas opiniones. La gran dificultad está en algo tan simple como que el todo es la suma de las partes pero, en economía, cada una de las partes depende de las otras, es decir, del todo. Para saber como va a ir el crecimiento económico de un país europeo cualquiera, es preciso conocer cuál va a ser el comportamiento del resto de Europa y del mundo. Pero la economía mundial no es sino la suma del comportamiento de EEUU, la UE, Latinoamérica o el sudeste asiático.
La clave está en poner las piezas en orden. El crucigrama sólo se puede solucionar rellenando las casillas con ciertas prioridades entre ellas. La complicación aumenta por el hecho de que esa ordenación no es fija sino que cambia con la situación.
En este momento de preocupación sobre la gravedad de una desaceleración que va afectando al conjunto de Econolandia, la clave está en EEUU, aunque existan otros múltiples condicionantes y algunas áreas geográficas dispongan de una amplia autonomía.
EEUU no sólo supone una cuarta parte de la economía mundial. Además ha tenido unos ritmos de crecimiento muy elevados durante un ciclo expansivo que ha durado diez años. Pero, sobre todo, EEUU es un banco de pruebas sobre la capacidad de resistencia y aportación al crecimiento de la nueva economía, que lidera a escala mundial.
Por todo esto, la publicación de los datos del PIB norteamericano del primer trimestre del año es un acontecimiento de la máxima trascendencia y no basta con saber que ha crecido un 2% frente a sólo un 1% de finales del pasado año. Es conveniente saber que ha habido una extraordinaria corrección de existencias que ha detraído más de dos puntos de crecimiento del PIB y que muestra la rápida capacidad de reacción de EEUU. También debe conocerse que el consumo de las familias ha crecido más que en el trimestre precedente, en particular el consumo de bienes duraderos, que ha aumentado cerca del 12% en tasa intertrimestral anualizada.
Pero no todo es positivo. La inversión privada en equipo y software ha decrecido por segundo trimestre consecutivo, dato que puede complementarse con una caída de las ventas de PCs (símbolo de la nueva economía) de un 3,5% en tasa interanual. El “vértigo” de la caída es aún más relevante a la hora de explicar el cambio de expectativas que introduce un pesimismo a escala mundial y condiciona planes de expansión de las empresas, ajustes de plantilla o su valoración bursátil.
En sólo nueve meses ha nacido una economía norteamericana mucho más débil de lo que se esperaba. El ritmo de crecimiento del PIB ha pasado de más del 5% a sólo un 2%. La inversión fija en equipo y software se ha desacelerado desde tasas superiores al 10% a ritmos incluso negativos. Las importaciones norteamericanas (mercado importante para muchos países) que crecían a cerca del 20%, hace sólo tres trimestres, apuntan este último trimestre caídas superiores al 10%.
Dar un diagnóstico en estas condiciones no es fácil. No está claro si es más significativo considerar que la botella está medio vacía o medio llena. Posiblemente lo más realista es admitir la importancia de una desaceleración preocupante en EEUU que puede contagiarse al conjunto de Econolandia y, al mismo tiempo, compartir la esperanza de una rápida recuperación de la que parecen observarse unos primeros síntomas.