Europa tiene problemas con la inflación

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Si la semana pasada comentábamos en esta columna los datos relativos a la contención en los niveles de desempleo, esta semana debemos resaltar la aceleración registrada en los niveles de inflación, como si el mismo Phillips (el de la “Curva de “) nos estuviera dictando la actualidad coyuntural.
Así, durante el pasado mes de Mayo los precios de consumo se elevaron en un 0,4% situando la inflación interanual en el 4,2%, valor sensiblemente alejado de las previsiones medias barajadas por la mayoría de los analistas para el presente año 2001.
Aunque no se dispone aún de la cifras definitivas para el conjunto de la Unión Europea, los valores ya conocidos para las grandes economías de la eurozona, permiten consolarnos con el viejo refrán del “Mal de muchos…”, ya que esta tendencia creciente en los niveles de precios que se viene observando desde finales del pasado año es un fenómeno compartido por la mayoría de los países integrados en el área de moneda única.
Por el contrario, si miramos hacia el otro lado del Atlántico, comprobaremos que la inflación americana, está dando síntomas claros de contención una vez superado el shock inducido por los precios del petróleo.
Si tratáramos de delimitar las causas de este comportamiento diferencial en la evolución de los precios, podríamos comenzar por señalar el efecto nocivo del tipo de cambio del Euro, que al depreciarse, encarece todos los productos que adquirimos fuera de la comunidad, fundamentalmente, las materias primas.
A continuación podríamos apuntar la situación diferencial del mercado laboral y recordando nuevamente la olvidada “Curva de Phillips” que mencionábamos al principio de este artículo, comprobaríamos que mientras en Europa se siguen reduciendo las tasas de desempleo, en Estados Unidos han ido aumentando ligeramente durante los últimos meses.
Si a estos factores le añadimos algunos problemas de salud pública que están afectando a los precios de los productos alimenticios, tendríamos una primera aproximación a este comportamiento diferencial de la economía europea.
Ahora bien, teniendo en cuenta la magnitud y la importancia relativa de cada uno de estos factores, no parece que sean suficientes como para justificar una elevación de la inflación como la que estamos experimentando en estos últimos meses, y posiblemente deberíamos completar este “cóctel” de elementos inflacionistas, con un escaso avance en los procesos de liberalización de mercados, que parecen haberse dormido tras la consecución de los objetivos de convergencia, y con una combinación inadecuada de política monetaria, cuando menos neutra, y una política fiscal relativamente expansiva.