Ricos en estabilidad

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Nuestro amigo el empresario John Business me ha llamado inquieto por la situación: “¡Oye, que esto va de veras!. No estoy alarmado pero sí empiezo a preocuparme por eso que llamáis técnicamente «la desaceleración». Mis ventas, mis pedidos y mis beneficios van creciendo cada vez menos. Competidores, clientes y proveedores parecen compartir estas inquietudes.”
Intento calmarle con argumentos típicos de un profesor de economía, como los habituales de nuestro común amigo Juan Macro. Ya saben: oscilación cíclica pasajera, recuperación de equilibrios básicos, corrección de expectativas excesivamente optimistas, consolidación de posiciones, desaceleración de precios, reducción progresiva de tipos de interés, beneficios del euro, etc., etc.
Pero John es duro de mollera. Para él las cosas van bien cuando sus ventas actuales, sus pedidos a futuro y sus beneficios crecen más que en años anteriores. Así que no me quedó otra posibilidad que mencionar el sagrado nombre de «la estabilidad». “¡Anímate hombre!, somos cada vez más ricos en estabilidad: déficit público cero, impuestos contenidos, inflación y tipos de interés a la baja”.
Aprovechando su primer momento de sorpresa, le expliqué que nuestras expectativas de futuro eran mejores que las de Alemania u otros muchos países de la UE. Los países del área euro en su conjunto se espera que crezcan poco más del 1% (PIB a precios constantes) durante el próximo año; Alemania la mitad; España el doble. El déficit público de la eurozona se situará cercano al 1,5% del PIB; en Alemania superará el 2,5%; en España un mínimo 0,2 ó 0,3%. La inflación en Europa se reducirá en un punto respecto al crecimiento de precios en este año, lo mismo que en España, aunque su ritmo aún continuará casi un punto de porcentaje por encima.
Una sombra inicial de duda se transformó rápidamente en una mueca de escepticismo. John trasladaba mentalmente todo este canto a la estabilidad en términos empresariales y sacaba sus propias consecuencias, Aceptaba el valor de actuar con prudencia, de no crecer “a lo loco”, de cuidar el ratio de endeudamiento, de luchar por la productividad, la competitividad y la contención de costes y precios.
Sin embargo, entendía la estabilidad como una base sólida sobre la que montar una estrategia de futuro y no como un fin en sí mismo. No endeudarse es bueno si así se evitan gastos superfluos. Un presupuesto con déficit cero es un punto de partida razonable. Pero lo más importante es lo que vamos a hacer para salir lo antes posible y con el menor sacrificio, (a corto y largo plazo) de la actual fase de desaceleración.
No basta con ser ricos en estabilidad, hay que serlo sobre todo en acciones estratégicas de futuro.