viernes, 6 de febrero de 2026
13 de enero de 2026
Insistiendo en su estrategia de trabajar la propaganda en lugar de la gestión, los responsables del Ministerio de Trabajo, y con ellos el gobierno entero proclamaban, tras conocer los datos definitivos del paro registrado de diciembre, su esperanza de que 2026 continúe siendo un buen año para el empleo, e incluso que se registren cifras "desconocidas e inimaginables" después de cerrarse un año 2025 en el que el mercado laboral español mejoró los ya "muy buenos" datos de 2024.
Y, después de analizar y confrontar los datos del año recién finalizado tenemos sumarnos a esa esperanza de que este 2026 sea un año mejor por poca y leve que sea la mejora. Pero con lo que ya no es posible comulgar ni compartir es que el extinto 2025 haya sido un año bueno para el empleo y menos aún para los trabajadores y las empresas de un país que, incluso con los maquillados datos oficiales, sigue liderando, con diferencia el desempleo de la Unión Europea y también el paro juvenil y donde la precariedad, la estacionalidad y el absentismo siguen siendo los elementos claves y definitorios de un mercado de trabajo adulterado, intervenido y decadente. Empezando por las cifras de parados que el Servicio Público de Empleo (SEPE) cifra en 2.408.670, pero que en la realidad y, comprobando los propios datos oficiales, vemos que los parados reales en España al cierre de 2025 superan los 3,8 millones de personas. Cifra esta que resulta de sumar los citados 2,4 millones de parados registrados otros 366.937 con disposición limitada, 11.125 afectados por ERTES, 186.371 que se engloban dentro del epígrafe de "otros no ocupados" y los más de 840.000 fijos discontinuos inactivos. Es decir casi un millón y medio más de los que reconocen los datos del gobierno.
Eso en cuanto a las cifras que, como venimos reiterando, tienen más cocina que las encuestas del CIS del servil Tezanos. Porque si de las musas de los números bajamos al teatro, la escena nos muestra que, como expone el último informe del Gabinete de Estudios de USO, "tenemos un mercado laboral muy afectado por la estacionalidad y por tanto por la temporalidad de la relación contractual que aunque se denomine indefinida siguen siendo contratos de temporada: Navidad, Semana Santa y verano". Así vemos que entre enero y diciembre del año pasado se han realizado 6.443.446 contratos indefinidos, que suponen un descenso de 38.546, el 0,59% sobre el mismo periodo del año anterior. Cifra esta que lleva a preguntarse ¿cómo es posible que con más de 6 millones de contratos indefinidos mantengamos un paro oficial de 2,4 millones de personas y de más de 3,8 millones reales? Y, es más, ¿qué tipo de ocupación tiene las 1.339.826 personas inscritas como demandantes de empleo ocupadas que están registradas en el SEPE.
Añadir que como reflejan los datos del gobierno se han realizado más contratos indefinidos que personas las han suscrito, 36.911 de ellas han sido objeto de más de un contrato indefinido es decir que la rotación en el empleo ha llegado a la contratación indefinida que está dejando de ser sinónimo de tener y mantener un empleo estable. Cierto que la afiliación a la Seguridad Social ha crecido en 506.000 personas a lo largo del año hasta 21.844.414, pero recordar que los datos de Trabajo contabilizan afiliaciones, no afiliados. Y que, como refleja el propio documento del SEPE, para conseguir este incremento anual de la afiliación han sido necesarios 15.645.243 contratos, lo que supone una media de 31 contratos por afiliado al año y 2,5 al mes.
Y, como complemento a este escenario que el gobierno del sanchismo califica de buen año para el empleo, nos enteramos también de que los perceptores del ingreso mínimo vital, es decir el subsidio para las familias que no llegan a un nivel mínimo de renta para subsistir, ha crecido en 393.892 personas, un 19% más, durante el año 2025, hasta superar los 2,4 millones de personas. Dato este del que también presume el que se autodenomina gobierno más progresista de la historia, cuando más que para presumir debería ser un dato para la vergüenza de una gestión incapaz e improductiva y de unas políticas nocivas, antisociales y sectarias que cada día produce más precariedad, más inseguridad y más pobreza entre los españoles.