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20 de abril de 2017

El Economista

Las empresas familiares se rebelan: exigen bajar impuestos para sobrevivir

Las diferencias fiscales entre autonomías impulsan la fuga a otras regiones

En España, hay 1.100.000 empresas familiares, que representan el 70% del empleo privado, y en Aragón, las 28.000 empresas familiares suponen el 68% del PIB privado y el 70% del empleo privado. Unos datos que ponen de manifiesto la importancia que tienen en la economía y en el tejido empresarial, a pesar de que su continuidad generación tras generación se ve amenazada por las dificultades para afrontar la sucesión. Además, los empresarios abogan por recuperar la FP en España.


"Según datos de la Comisión Europea, 450.000 empresas familiares han abordado la sucesión familiar en la Unión Europea, pero de ellas, solo 150.000 han pasado a la segunda generación, perdiéndose 600.000 empleos. Apenas un 7% de las empresas familiares llega a la tercera generación", según apuntó Ramón Tejedor, director gerente del Instituto Aragonés de Fomento (IAF), durante su intervención en la jornada empresarial Presente y Futuro de la Empresa Familiar en Aragón, organizada por elEconomista en Zaragoza con el patrocinio de CESTE, Crédito y Caución e Ibercaja.

Uno de los principales problemas para garantizar la sucesión familiar es la política fiscal. "No es que no queramos pagar impuestos, pero la Administración debería ser más sensible a la generación de riqueza y de inversión", explicó Daniel Rey, presidente de la Asociación de la Empresa Familiar de Aragón (AEFA). "Las empresas familiares tienen la ambición de crecer y lo que hace falta es un entorno fiscal, laboral y legislativo que sea adecuado y eso es responsabilidad de la clase política", incidió Clemente González Soler, presidente de Alibérico, quien puso de manifiesto las diferencias entre autonomías en materia fiscal, sobre todo, en el impuesto de Sucesiones. Por ejemplo, una empresa valorada en 800.000 euros tiene que pagar 1.500 euros en Madrid, mientras que en Aragón el pago tributario se eleva a 77.000 euros.

El problema del impuesto de Sucesiones se ha vivido de forma directa en la comunidad aragonesa en la que, en los próximos diez años, el 75% de las empresas familiares tendrá que afrontar el relevo generacional. Alfonso Soláns, presidente de Pikolín, es uno de los empresarios que ya ha sufrido en sus "propias carnes el trato fiscal de la sucesión, como todos lo sufrirán. En mi caso era la segunda generación. No tenía un duro y tenía que endeudarme con el banco, pagar impuestos... Te haces cargo de la sociedad con un préstamo tremendo. Se debe mimar el tránsito generacional desde el impuesto de Sucesiones. Esto es más serio que el traspaso de un automóvil".

Los cambios en la fiscalidad deben ir más allá del impuesto de Sucesiones. "Hay comunidades autónomas que modifican sucesiones y no donaciones. Debería haber también bonificaciones para ayudar a la transmisión de la empresa entre generaciones", añadió Ramón Alejandro, presidente de Saica.

Un "mimo" que es fundamental para favorecer la continuidad, porque "la empresa familiar tiene valor y visión a largo plazo, que supone un valor diferencial y un mayor compromiso con las personas porque no se deslocalizan y reinvierten sus beneficios. El 86% de las empresas familiares no ha repartido dividendos en los dos últimos ejercicios", aclaró el presidente de AEFA, quien también explicó que "a igual facturación, las empresas familiares generan un 70% más de empleo. La política fiscal y las diferencias existentes entre las autonomías están favoreciendo una fuga de compañías".

No es una cuestión lineal, pero hay un clima fiscal que influye en el movimiento de compañías y de personas, que afecta tanto a las grandes como a las pequeñas empresas. Aragón es una de las comunidades autónomas que más paga en IRPF y en impuestos de Patrimonio y Sucesiones. Esto provoca que haya fuga de empresas", explicó Ricardo Mur, presidente de CEOE Zaragoza. En concreto, tan solo en 2016, un total de 42 compañías se marcharon de Aragón hacia territorios limítrofes con una situación fiscal más favorable. "Se necesita recuperar la seguridad jurídica y la certidumbre política" para poder planificar las inversiones.

Los empresarios coincidieron en que los impuestos se deben armonizar en España a la baja, además de ser necesario "buscar un escenario en el que no se pague varias veces por donaciones, sucesiones, IRPF... O se crea o, al final, todos vamos a estar peor", afirmó Mur.

La continuidad y crecimiento de las empresas también depende en gran parte de las infraestructuras ante cuya demanda los empresarios hacen un frente común en el que también participa el Gobierno de Aragón. "La Travesía Central de los Pirineos es básica para articular Aragón y España", apuntó Mur, así como el Canfranc. "Debemos ser más reivindicativos, pero todos juntos".

Sin embargo, "con la Travesía Central de los Pirineos no hay forma", explicó Soláns, quien también puso de manifiesto la importancia del Eje Cantábrico-Mediterráneo y ha cuestionado que la conexión con Francia se haga solo "por dos extremos colapsados y no por el centro". Empresas como Saica reconocen que les gustaría poder transportar más mercancías por tren. De la planta de El Burgo de Ebro (Zaragoza), "el 30% se transporta por ferrocarril, pero está limitado. La logística es importante".

Más dimensión

Ganar tamaño empresarial es otro de los grandes retos que tienen ante sí las empresas familiares. "Hay muchos proyectos que están empezando. Los empresarios tienen problemas de capitalización que lleva a que los proyectos que inician sean poco tractores de la economía", expuso Mur, quien añadió que, además, estas actividades se están concentrando en el sector servicios. "Faltan proyectos industriales en los que, a través de la innovación, se aporte más valor añadido. El Gobierno tiene que ser más sensible. Hay un exceso de burocracia que entorpece mucho", añadió.

El futuro de la empresa familiar también pasa por la "internacionalización y la innovación como diferenciación", incidió González Soler. "Las empresas que hoy triunfan no son las más grandes, sino las diferentes, que emplean la innovación. Las personas quieren comprar hoy y recibir mañana un producto personalizado a un precio competitivo", añadió.

Además, la marca debe estar relacionada con la experiencia del cliente y apostar por el concepto de excelencia empresarial, que puede "agregar valor, un input a la marca", explicó Ramón Tejedor, director gerente del IAF. A todo ello se suma "saber gestionar la singularidad y el carácter que tenemos de la empresa familiar, porque la falta de cohesión es una amenaza seria para la supervivencia de la compañía", según Rey. Y, para conseguirlo, un consejo de Ramón Alejandro, de Saica, empresa que está en la tercera generación familiar: "Hay que hacer el protocolo familiar cuando todavía no se necesita, porque luego es más difícil".

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