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15 de febrero de 2017

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Grecia no mejora, y su agonía se prolonga

El país, que recibió el primero de sus tres rescates con un valor combinado de 260.000 millones de euros en mayo de 2010, puede recibir una cuarta transfusión el próximo año.

En mayo, Grecia iniciará su octavo año como paciente del hospital para países de la eurozona con heridas financieras. El país, que se incorporó a la unión monetaria en enero de 2001 y recibió el primero de sus tres rescates con un valor combinado de 260.000 millones de euros en mayo de 2010, puede recibir una cuarta transfusión el próximo año. A menos que se produzcan cambios muy improbables en la gestión europea de la crisis, a finales de 2019 Grecia habrá pasado la mayor parte de su existencia dentro de la eurozona en la unidad de cuidados intensivos.

En una intervención el sábado ante su partido Syriza, el primer ministro Alexis Tsipras aseguró que Grecia estaba "haciendo sacrificios en nombre de Europa". Habló como si Grecia fuera una especie de inválido cuyo padecimiento no servía para recuperar su propia salud, sino para mejorar la reputación de sus doctores -facultativos de la eurozona y del Fondo Monetario Internacional, que discuten junto a la cama del paciente sobre el próximo tratamiento a prescribir.

Los acreedores probablemente alcancen un compromiso entre ellos, y al paciente no le quedará otra opción que aceptar sus condiciones. Sin ese acuerdo, la combinación del calendario electoral europeo y del calendario de devolución de la deuda de Grecia dejaría a la nación conectada a un sistema de soporte vital en julio. Dos años después de su aparición durante el agitado verano de 2015, el "Grexit", o la salida de Grecia de la eurozona, volvería a convertirse en una seria perspectiva. Sería la cirugía más extrema, pero no es inconcebible.

Buscando la mejoría

Las metáforas médicas resultan apropiadas a la hora de valorar los años de Grecia en la eurozona. La pregunta fundamental es si, en lo más profundo de sus corazones, los gobiernos de la eurozona o el FMI o los líderes políticos y los ciudadanos de Grecia creen que los siete años de costoso tratamiento han permitido vislumbrar signos de mejoría. Esta pregunta puede dividirse tres partes. La primera afecta a la capacidad del país para pagar todas sus deudas. La deuda es el punto que más divide a los acreedores de la eurozona, sobre todo Alemania y otros países del norte de Europa con una mentalidad similar, y el FMI. En su última evaluación, el fondo afirma rotundamente que la deuda de Grecia es "insostenible", y prevé que si sigue la tendencia actual se disparará al 275% del producto interior bruto en 2060, frente al 180% actual. Hace falta una reducción sustancial de la deuda, concluye el FMI.

El fondo no propone amortizaciones explícitas, o "quitas", por parte de los acreedores oficiales europeos de Grecia. En su lugar, el FMI propone extender los vencimientos y periodos de gracia para que el país pague sus deudas, y aplicar tipos de interés fijos muy bajos sobre sus préstamos. De esta forma, el esperado ciclo de subidas de los tipos de interés globales no dañaría las posibilidades de recuperación de Grecia.

Las autoridades de la eurozona rechazan el diagnóstico del FMI, y sugieren de una forma un tanto despreocupada que la institución financiera más importante del mundo no entiende la mecánica de los programas de rescate de la eurozona. En privado, evidentemente, todos los afectados saben que la oposición del bloque a aliviar la deuda se debe a razones políticas nacionales y a nivel de la UE. Los Gobiernos acreedores temen una reacción en su contra, y tal vez contra el propio euro, si los votantes se diesen cuenta de que los miles de millones de euros entregados a Grecia se han esfumado.

La segunda parte de la pregunta guarda relación con los presupuestos. Los acreedores de la eurozona defienden que el hecho de que Grecia haya registrado recientemente un superávit primario -es decir, excluyendo el pago de intereses- muestra que las finanzas públicas mejoran año tras año. Los superávit que seguirá gestionando mantendrán la deuda bajo control. El FMI es más pesimista, y es consciente de la tendencia histórica de los partidos políticos griegos a abandonar la disciplina fiscal y a entregar dinero público a clientes privilegiados y a poderosos grupos de presión.

Modernización

La tercera parte de la pregunta, y podría decirse que la más importante, es si los programas de rescate de la eurozona y el FMI han ayudado a modernizar el Estado griego. Todos los acreedores, y muchos políticos del país, lo ponen en duda. Los ingresos fiscales han caído desde 2010, pese a los esfuerzos por reforzar el sistema impositivo. "La administración [pública] y los sistemas sanitario, educativo y de justicia se encuentran en la peor situación de los últimos años", asegura Yannos Papantoniou, un exministro de Finanzas.

Grecia seguirá paralizada mientras los acreedores de la eurozona se nieguen a facilitar una fuerte reducción de la deuda a Atenas, y tampoco quieran hacer de tripas corazón permitiéndole abandonar la unión monetaria. El hecho de que no se produzca un empujón decisivo en uno de los dos sentidos da margen a Grecia para aplicar las mínimas reformas necesarias para que la ayuda siga llegando.

En esta lamentable situación no hay ganadores, y mucho menos el pueblo griego.

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